miércoles, 2 de diciembre de 2015

Vampire Weekend / Vampire Weekend

2008, XL Records

9.1

Comparando la pomposidad de sus últimos conciertos, la posición de las listas de éxitos de su último álbum y el status crítico que han alcanzado con la calidad amateur de los videoclips de su primer álbum o con la patina de producción de presupuesto humilde del mismo, Vampire Weekend puede presumir de haber alcanzado la cima de dos montañas a priori incompatibles en el mundo de la música: la del triunfo comercial y la de la aclamación profesional. Remontándonos a sus orígenes, la banda neoyorquina liderada por Ezra Koenig irrumpía discretamente en el panorama indie con un disco autotitulado y de 35 minutos de duración. Un pop muy personal, influenciado por el diverso bagaje cultural de los miembros del grupo. Letras de juventud y diversión pero siempre con la riqueza intelectual del vocabulario académico de Koenig, al que ya se puede considerar como uno de los letristas más inteligentes de la última década. Tras la fachada de inmadura despreocupación e incesante fiesta universitaria se esconde el verdadero trasfondo de Vampire Weekend: la inquietud por sentirse aceptado y encajar para satisfacer la necesidad humana de socialización. La casi ritual Cape Cod Kwassa Kwassa, con la influencia afro-étnica más evidente de todo el disco, sirve como máximo exponente de esa búsqueda del equilibrio entre nuestra propia personalidad y lo que el resto de nuestros círculos sociales nos exige para seguir perteneciendo a ellos. El tema Oxford Comma, que ya se ha convertido en un himno para los seguidores de la banda, critica la extrema superficialidad de las nuevas generaciones y se convierte en una llamada de atención a dicho colectivo de próximos adultos que, criados en una era digital y egolatrista, rara vez sacan sus ojos de la burbuja que los rodea y que ellos mismos construyen a su alrededor. En Vampire Weekend también hay momentos para ritmos acelerados, como los de A-Punk, una divertida sátira sobre las it-girl y las relaciones románticas. En el campo de la pura experimentación se encuentra el corte One (Blake's Got A New Face), sobre la llegada a la edad de la rebeldía en un entorno familiar opresivo. Un tema hipnótico, no solo por el mantra de su estribillo sino por su tensa y juguetona base y por la rica imaginería creada por las letras.

M79 abre con la solemne melodía de la música clásica que recibe a los invitados de una recepción diplomática del más alto nivel para llevarnos a la locura de la clase alta entre la que surgen el amor y lo más ridículo de los gustos humanos. 
Un álbum divertido de escuchar, con sentido pero no excesivamente cerebral; inteligente y natural.


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