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miércoles, 18 de mayo de 2016

The Verve / Urban Hymns

(1997, Hut Records)
(gen: rock)

9.3

Mientras la escena grunge vivía sus años dorados, los ordenadores se hacía con el control del mundo y Radiohead era la cima del rock alternativo, los británicos The Verve, liderados por la eternamente joven voz de Richard Ashcroft, lanzaban uno de los hitos contemporáneos del rock sobre las preocupaciones intrínsecas a la juventud de finales del siglo XX. La evasión, el romance, la confusión y lo agridulce de la modernidad rampante en aquellos años dieron lugar a Urban Hymns. La apertura del álbum, Bitter Sweet Symphony, es una obra maestra sobre el papel del individuo en su propia vida, sobre lo poco que importa nada en tiempos en que ocurre de todo. Con una de las melodías más automáticamente reconocibles de la historia del pop, Bitter Sweet Symphony nos traslada el perenne sentimiento de apatía, la falsa sensación de que comenzamos una revolución que ansiamos cuando lo que no nos gusta comienza a restar sentido a nuestra vida antes de que, de nuevo, volvamos a nuestra zona de confort empujados por la pereza que nos da pensar en luchar por cambiar.
La balada Sonnet habla, con atmósfera derrotista, sobre la constante sensación de vacío que, ya en 1997, llenaba los corazones de los jovenes que se veían cada vez más aislados y marginados en el espacio urbano, y que en un entorno crecientemente ateísta, tratan de buscar algún tipo de divinidad o energía a la que pedir la clemencia que, sin ellos saberlo, podrían conseguir con sus propios actos. Algo así como la inútil busqueda de un Dios 2.0.
Llegamos al punto más abstracto de Urban Hymns en el tema Space And Time, donde dando vueltas al tema de la soledad, Ashcroft llega en lo profundo de su atormentada mente a la conclusión de que el sentido de la vida humana no se encuentra en lo tangible de lo material, sino en su aspecto social, en el hecho de estar rodeado de gente con la que comparta momentos. Es, en cierto modo, la visión resumida que tiene The Verve del concepto "felicidad".
Y es que al final era evidente que, tras mucho reflexionar, la solución a los problemas que albergamos en nuestro interior se encuentran en uno mismo: el corte This Time es la catarsis lógica a los conflictos que se presentan en este gran Urban Hymns, el repaso a nuestro pasado y la inyección de confianza necesaria para cambiar nuestro propio futuro.


Bittersweet Symphony https://youtu.be/1lyu1KKwC74

sábado, 14 de mayo de 2016

David Bowie / Station To Station

(1976, RCA Records)
(gen: rock/funk/soul)

9.8

En lo más profundo de su adicción a la cocaína, cuando el mundo ya estaba a sus pies y los efectos del estrellato empezaban a hacer una sangrienta mella en su mente, David Bowie se volvía un hombre extraño, que mientras habla contigo de pronto pierde su mirada en el horizonte y suelta perlas de pensamiento que los que le rodean no entienden, como si el músico y el resto de la humanidad pertenecieran a planos diferentes. Era imposible distinguir qué era cierto y qué era falso en ese momento, un momento de cambio no solo a nivel personal para Bowie sino para el rock y la sociedad en general: el ocaso de los 70, la llegada de los 80, la crisis del petróleo, el boom cultural, la resaca de la llegada a la luna, el telón de acero... Eran demasiadas cosas como para no entregarse a los placeres del vicio en un momento en que las apariencias quizás no parecían lo más importante en medio de lo que no se sabía si era el mundo real o un sueño. Una era de cambios tan rápidos que podría ser el equivalente, con la perspectiva de hoy día, a la entrada al siglo XXI. Station To Station es el resultado de esos tiempos, un LP bohemio en concepción y canalla en resultado. El corte "Station To Station", de diez minutazos, no es solo el más largo en la carrera de Bowie, sino los cimientos de su imagen de Duque Blanco y, quizás, la sátira de lo absurdo que resulta todo en un clima de conflictividad como el de aquellos años para un artista que, gracias a su subida a lo más alto, tenía una visión mucho más rica y merecidamente condescendiente. Golden Years es un guiño a los años del swing y precisamente una mirada a los buenos tiempos (qué casualidad que sea la época que sea, siempre es el pasado lo mejor y el presente lo más despreciable... y esto me suena tanto hoy en 2016). La voz de David en este Golden Years es la más elegante y engolada de su carrera, caballeresca y seductora gracias a ese toque de profundidad de quien mira al pasado con los ojos vidriosos. Stay es el otro punto rock de este críptico disco, un choca-esos-cinco a las drogas que le hacían expandir su mente o quizás solamente evitar que se suicidase por asco al mundo. No mejor pero casi es la versión del tema Wild Is The Wind, un epílogo perfecto a este disco donde el caballo blanco de la cocaína y su adicción en medio de la confusión del maldito presente no simboliza más que lo distante que parece el amor verdadero en tiempos donde todo el mundo anda en las nubes. Es tan 2016 para ser 1976...

martes, 10 de mayo de 2016

The Cure / Disintegration

(1989, Fiction Records)
(gen: rock)

10

La cima del rock gótico, la cumbre de la disolución mental y la culminación del sonido de la noche. Con la voz más pura de Robert Smith y el sonido más pulido de una carrera prácticamente perfecta, Disintegration es el 100% del potencial de una banda irrepetible como es The Cure. Un álbum que abre con una romántica Plainsong: "And it's so cold, it's like the cold if you were dead...
and you smiled for a second" canta Smith en el segundo verso de una pancarta por y para el amor como medicina mágica en el borde de la muerte emocional. Cualquier canción de este Disintegration es perfecta, tomemos por ejemplo Fascination Street, el tema con mayor dosis de rabia en forma de guitarras eléctricas ahogadas bajo capas de sintetizador y letras acerca de sobrepasar los límites sin pensar en las consecuencias: un tema así no puede ser obra de la raza humana, es decir, ¿cabe tal cantidad de dinamismo en un trabajo que no sea producto de la mano de un ser divino?. Luego está la universal, popular y densa Lullaby, el corte más archiconocido de The Cure por el gran público, una sensual apología a las drogas y toda clase de obsesiones, y de nuevo una perfección compositiva imposible de explicar con palabras. Pictures of You es el máximo exponente del goticismo del LP en términos estilísticos, y por ello lo más cercano al resto de la discografía de la banda, aunque no por ello se sale de la tónica tan singular de éste Disintegration. Conceptualmente este hito del rock contemporáneo está plagado de metafórica desesperación en lo relativo a los romances inalcanzables, el transcurso del tiempo y la deformación de los gustos y la personalidad a causa de la soledad, todo condensado en cortes largos (genial Pictures Of You, 7 minutos y medio; o la angustiada The Same Deep Water As You con 9 minutazos y 22 segundos). Una hora y cuarto de inmersión en una aventura extraña, familiar para todos en mayor o menor medida.


jueves, 5 de mayo de 2016

Pink Floyd / The Wall

(1979, EMI/Columbia)
(gen: rock)

10

Uno de los discos más influyentes de la historia, obra de una de las bandas de rock progresivo más influyentes de la historia. The Wall hace a uno preguntarse si es posible que en 1979 los de Roger Waters pudiesen ver el futuro, adelantarse en sus letras a la alienación del individuo que ya por aquellos tiempos parecía inevitable. Las historias que segmento a segmento componen esta ópera bien podrían ser el blog de un joven de pleno siglo XXI: confusión, soledad, disgusto político, aversión al estado de la sociedad, perversión de los gustos, hastío por todo. The Wall lo es todo, es la selva de pensamientos que recorre el cerebro de su narrador desde la primera ojeada a su habitación por la mañana hasta la última visión antes de apagar la lámpara de la mesita de noche. El análisis de cada mínimo detalle del pensamiento es tan perfecto en este titán de una hora y casi media que más que oir este LP uno se lo pone, se viste con él, lo devora, lo es, lo siente y sobretodo lo entiende, empatiza con quien escribió sus letras y dispuso sus acordes. Las tres partes de Another Brick In The Wall son el grito de rebeldía preadolescente contra el mundo adulto que se viste de perfecto y oculta sus inocultables vicios, Goodbye Cruel World es el breve pasaje en el que perdemos toda esperanza, y Vera es la perfecta representación ayer y hoy de lo absurdo y breve de los momentos que nos venden como importantes. Mother es la inseguridad a la que nos arrastran los cánones, los libros, la historia, los medios y nuestros enemigos mejor camuflados, mientras que Don't Leave Me Now es la fugacidad de lo importante y lo irremediablemente fácil que es perder lo amado. The Wall lo es todo porque en él está la vida entera, la vida perra que era moderna hace casi cuarenta años y que sigue siendo moderna hoy mismo en 2016, y que por moderna es sucia, difícil, injusta y retorcidamente bella de algún modo.

martes, 5 de enero de 2016

The Avalanches / Since I Left You

2000, Modular Records

9.2

Se conoce como género plunderphonics a aquél en que los temas musicales están compuestos por samples (trozos) de otras grabaciones. En términos sencillos, un álbum de esta corriente no es más que un collage de otras canciones o incluso audios de películas o series de televisión. Cualquier registro sonoro sirve para crear una de estas combinaciones. A primera vista puede parecer una total falta de vergüenza atreverse a publicar un disco de este tipo, donde tan solo aparentemente te has dedicado a coger pedazos de la obra de otros artistas y pegarlos como una adolescente pega fotos en la portada de su carpeta.

Si piensas eso, te recomiendo que salgas de tu pueblerina visión a través del magistral Since I Left You que los australianos The Avalanches nos regalaron en el año 2000. Hasta el día de hoy, la muestra más desgarradora de talento en cuanto al plunderphonics se refiere: casi una hora de dance plagado de samples de toda clase, mezclados con un dinamismo y una continuidad que nada tienen que envidiar a otros grandes álbums conceptuales de la historia del pop. Track a track saltamos a través del tiempo y el espacio como si presenciáramos una suntuosa obra de teatro. El tema titulado igual que el LP, Since I Left You, es uno de los cortes románticos más fluidos y embelesantes de cuantos se han creado en el siglo XXI, mientras que Radio añade el toque funk a la vez que se entona una oda a la propia música como concepto catalizador de la comprensión intercultural. A lo largo del tracklist hay flirteos incluso con el hip-hop y, sobre todo, el género disco. Electricity visita de forma celestial el espíritu experimental propio de comienzos de este siglo, sirviendo como puente entre las dos mitades del disco y elevando al cuadrado la solidez acústica del resto del álbum.


miércoles, 21 de octubre de 2015

Especial: Pet Shop Boys

PLEASE (1986, Parlophone)
9.3
ACTUALLY (1987, Parlophone)
9.2
INTROSPECTIVE (1988, Parlophone)
7.7
Quizás sean el dúo británico más famoso de la historia, los colosos del synthpop, los reyes del dance y líderes ceremoniales de los ochenta. Los Pet Shop Boys son la carismática voz de Neil Tennant y el insuperable talento al teclado de Chris Lowe, y ha día de hoy cumplen con los requisitos para ser considerados maestros del pop, no solo por sus melodías capaces de enganchar desde el primer segundo, sino por sus elaboradas letras, que abarcan desde el amor adolescente hasta la política, pasando por la homosexualidad, la historia e incluso el mundo de la fama.
Su mayor proeza comercial les llegó precisamente con su debut: Please llegó con su minimalista portada (marca de la casa para el resto de sus trabajos), su nombre sencillo y directo y West End Girls como himno atemporal. Tratando el amor en los tiempos modernos de Gran Bretaña, este álbum recoge momentos inolvidables como la esperanzadora Love Comes Quickly, la ambiciosa en todos los sentidos Opportunities, la vanguardista Suburbia o la marchosa Why Don't We Live Together?. Pocos grupos pueden presumir de contar con un éxito tan radical e instantáneo como estos londinenses.
Abandonando el sonido distante y nebuloso de su primer título, un año más tarde vería la luz Actually, con una clara inclinación hacia la comercialidad y el rock un poco más facilón en términos de estribillo y composición (sin renunciar a la calidad, quede claro). What Have I Done To Deserve This? es un insuperable duelo romántico rompepistas, Rent es una relajada crítica al consumismo con guiños al mundo de la prostitución y It's A Sin es una tensa crítica a las estrictas normas morales de la Inglaterra aún conservadora de la era Thatcher, aunque la bomba atómica de la excelencia explotaría con Heart: una power ballad donde el nivel de Chris Lowe a mano de los sintetizadores es calificable como de Dios y Maestro Eterno, brindando uno de los cortes más remixados, versionados y reproducidos de la historia del rock. En 2015 sigue sonando en la radio, ¿no es eso, acaso, señal de que nos encontramos ante un clásico? Irrefutable.
Tras Please y Actually, entre los cuales se encuentra Disco, un surtido de remixes creados por los propios PSB sobre las canciones de su primer LP, llegaría el tercer álbum de estudio de la pareja artística: Introspective. En esta ocasión la intención es marcar la tendencia del género de cara a los noventa, y aunque el legado de este disco no es tan influyente dentro de los confines de la agrupación como es el caso de Very, Please, Actually o Behaviour, se puede decir que líricamente estamos ante una gema muy superior a la amplia mayoría de lo que hoy día se edita: el triángulo romántico de Domino Dancing es una cuenta atrás hacia la detonación de la pasión, y pocos cortes recogen esa tensión sexual como éste. I Want A Dog entra dentro de la experimentación a la que nos ha acostumbrado Neil Tennant a lo largo de toda su carrera, mientras que Left To My Own Devices hace honor al nombre del LP y, sobre su enigmática melodía, viaja a lo más profundo de nuestros conflictos, problemas, emociones y anhelos. Incluso hay cabida para discutir la geopolítica con It's Alright, una reflexión sobre el estado de las cosas al respecto de la cual podemos extraer un bostezo de cansancio.


sábado, 17 de octubre de 2015

Especial: Arcade Fire

FUNERAL (2004, Merge/Rough Trade)
9.6
NEON BIBLE (2007, Merge)
9.3
Oh, Canadá... Un país tan bello e invernal como los acordes de una de sus bandas musicales de referencia, el grupo revelación de la música intelectual en los 2000. Arcade Fire nacía con las voces de Win Butler y Regine Chassagne (actualmente casados y padres) y las dotes musicales de otros genios cuya lista ha ido incrementándose y reduciéndose hasta los actuales seis integrantes de la banda. De momentos difíciles, con pérdida de seres queridos, este grupo de mentes lanzaba la ópera prima del pop barroco: Funeral. Con sus 48 minutos, esta pieza atemporal recoge, con la verdad que transmite una grabación hecha con medios prácticamente caseros, la fugacidad de la vida, el acecho de la muerte, la recompensante dureza del amor y el apoyo que supone la familia. Como una impecable obra de teatro, los cuatro primeros "actos", Tunnels, Laïka, (el interludio de Une Annee Sans Lumiere), Power Out y 7 Kettles, exploran el paso de los años y la llegada de la madurez en la que inevitablemente acabamos siendo absorbidos por la vida de nuestros padres (la aburrida edad adulta). Las hojas del calendario van siendo arrancadas por nosotros como las vidas de nuestros mayores son arrancadas por las hojas del calendario, y solo pervive el recuerdo, por eso en Laïka se nos llama a hacer grandes cosas gracias a las que nuestra imagen perdure con mayor intensidad en la mente de quienes permanecen en este lado de la luz. En Power Out visitamos la llegada de la razón tras la infancia y descubrimos que el mundo existe más allá de nosotros mismos, y no es precisamente un lugar idílico en el que vivir, mientras que la angustiada Crown Of Love explora el asunto amoroso como una aventura larga y sinuosa en la que, hasta llegar a nuestra meta, no hacemos más que tropezar con obstáculos y dolorosos rechazos acompañados de largas noches de soledad.
La realista Wake Up habla sobre la apertura de la mente en la juventud temprana a la que hacía referencia Power Out, y ensalza la importancia de este proceso como paso que nos evite los engaños y artimañas del mundo. Algo así como decir: "a quien no espabila se lo comen". Haïti es la especial dedicatoria de Regine Chassagne a su tierra natal, siempre azotada por la pobreza y la dictadura, mientras que la minimalista In The Backseat evoca la sencillez como modo de vida. Rebellion (Lies) es el himno del álbum, una poderosa pancarta a favor de los sueños en los que podemos dar rienda suelta a nuestra personal 
travesura, a la cual debemos encerrar en el mundo real. Funeral, una perfecta combinación de infancia y vejez, los dos puntos de unión entre la eternidad de la existencia (los que vienen y los que se van), para transmitir su idea positivista final: demos gracias por todos los momentos buenos que disfrutamos, y quedémonos con ellos.
Tres años después de editar su debut, los de Montreal dejarían clara su grandeza dando un cambio radical a su propia imagen. Es aquí donde nace una de las características más evidentes de Arcade Fire: son un grupo completamente diferente en cada disco. Neon Bible es un giro hacia una producción profesional y un sonido mucho más claro y, a la vez, denso. Conocemos a los Arcade Fire más tétricos y antisistema hasta la fecha, feroces
críticos del "pan y circo", del inmovilismo, levantándose en armas contra los poderes a través de la rebeldía y la evasión. El LP abre con Black Mirror, una paranoica muestra de odio contra el papel atontador de la televisión, que nos distrae de la verdad y nos vende la artificialidad mientras nos mantiene como dóciles miembros del rebaño global. Contra la superficialidad de los medios se expresan también en la oscura Neon Bible. Haciendo uso de su explicación sobre la tarea hipnotizante de la comunicación de masas y la publicidad, justifican su posterior visión explotadora e injusta del modo de vida occidental en temas 
tan cegadoramente clarificadores como la neblinosa Ocean Of Noise (sobre la falsa libertad que nos es vendida), la dispar Black Wave/Bad Vibrations (lo irreal de nuestras victorias, que nos son dadas por "ellos" a modo de caramelo con el que acallar nuestras quejas) o las duras Intervention y Antichrist Television Blues, que tratan la alienación y explotación laboral. Con Arcade Fire siempre hay hueco para el pasaje de esperanza: ahí están la ideal No Cars Go y la reivindicativamente liberadora Windowsill. Neon Bible, un disco de 47 minutos que, hasta la fecha, es el título líricamente más complejo de los canadienses.


martes, 13 de octubre de 2015

Especial: David Bowie en los 90

BLACK TIE WHITE NOISE (1993, Savage)
8.0
THE BUDDHA OF SUBURBIA (1993, BMG)
8.0
OUTSIDE (1995, Virgin Records)
8.9
EARTHLING (1997, Virgin Records)
9.3
HOURS... (1999, Virgin Records)
4.3
Tras los ochenta, David Bowie se enfrentaba a la última década del milenio inmerso en una severa crisis artística. La calidad, en declive, de sus últimos trabajos, no solo alarmaba al público y a la crítica, sino que hacía mella en el propio Bowie que, consciente de su peligrosa situación creativa, tomó la solemne decisión de reinventarse como fuera. El genio británico apartó a un lado su carrera en solitario y formó la banda de rock Tin Machine junto al guitarrista Reeves Gabrels, el bajista Tony Sales y el batería Hunt Sales.
El trabajo en equipo y la incursión en géneros hasta ahora apartados para él, como el hard rock, supusieron un majestuoso despertar para la mente del artista, que tras lanzar al mercado dos notables e injustamente olvidados LPs junto a sus compañeros, decidió retomar su propia senda en solitario.

Alentado por sus renovadas fuerzas musicales y por las mariposas del amor profesado a su nueva esposa, la supermodelo Iman (con la que ya lleva 23 años casado y tuvo un hijo en el año 2000), en 1993 completaría la edición de Black Tie White Noise. El Duque Blanco visitó acordes de jazz (sin abandonar su espíritu rock) y temas sociales y emocionales. Black Tie White Noise es un regalo de boda a su esposa, y muestra de ello son las dulces Miracle Goodnight, The Wedding Song o Nite Flights, pero también es una reflexión sobre las diferencias raciales que más que nunca importaban ahora a Bowie. Se acababa de casar con una modelo negra, y en plena producción del disco (1992), la tensión racial en Estados Unidos se encontraba en niveles de alerta roja: el tema homónimo al disco es una invitación a blancos y negros para entenderse y respetarse. You've Been Around es un sensual corte sobre el conflicto emocional fruto del enamoramiento, mientras que Jump They Say (uno de los mejores temas de la carrera de David Bowie, y tan infravalorado como sublime) tiene doble lectura: dedicatoria a su hermano fallecido por suicidio años antes, y crítica al modo de vida competitivo y deshumanizado de la sociedad moderna. Black Tie White Noise fue, además de número uno en Reino Unido, calurosamente acogido por la crítica, a la que me uno al afirmar que es uno de los mejores ejemplos de renacimiento artístico personal de la historia, aunque también fue y sigue siendo un álbum de perfil bajo, poco conocido e incluso algo abandonado por el propio Bowie. Situación totalmente ilógica para uno de los trabajos más elegantes y dinámicos de cuantos se han creado en rock.
Continuando la tónica estilística de Black Tie White Noise, aunque alimentando una faceta más experimental, el de Brixton (suburbio de Londres que vió nacer a semejante genio) ponía sintonía a la serie de televisión británica The Buddha Of Suburbia. La banda sonora de la producción contaría con 56 minutos de rebeldía adolescente y provocación desmedida en temas como Buddha Of Suburbia o Sex And The Church. Juegos instrumentales dan lugar a South Horizon (¿Electrojazz? podría llamarse así) antes de llegar a otro arreglo emblemático de la carrera tardía de Bowie: Strangers When We Meet. Este genial uptempo lleva el sello instrumental de la etapa jazz de David y trata sobre el reencuentro con viejas amistades y el impacto que causa en nosotros contemplar el paso del tiempo en los demás.
Dos años más tarde el inglés sorprendería con el concepto de Outside. A simple vista un musical no parece el culmen de la originalidad, pero Outside fue en realidad más allá y supuso la combinación de la, por aquel entonces, adolescente era digital, la narración en clave de rock, el marketing y el género thriller-policíaco. Outside cuenta la historia de un futuro sombrío, no muy lejano por aquel entonces (finales de siglo), donde el arte y la sangre estaban más relacionados de lo que humanamente uno podría desear. Bowie es Nathan Adler, un inspector encargado de investigar varios crímenes relacionados con el sangriento arte underground donde los cuerpos desmembrados y reensamblados en tétricas formas son éxito crítico en las alcantarillas de las grandes y contaminadas urbes. Al margen de la épica forma de jugar con la linealidad de la trama, musicalmente nos encontramos ante una colección de grandes momentos como la futurística Hallo Spaceboy (exitosamente remixada por Pet Shop Boys ), la instintiva The Voyeur Of Utter Destruction o, sobre todo, la crípticamente romántica The Hearts Filthy Lesson.
Como no por algo se acaba siendo considerado uno de los artistas más versátiles de la historia del rock, Earthling, de 1997, constituyo el enésimo cambio de trayectoria de David. Drum and bass se llama el género aquí visitado: música industrial para la era OK Computer. El resultado: la sobredosis de realidad plástica de la magistral Little Wonder, la marciana belleza de la triste Looking For Satellites (cuyo mensaje es totalmente aplicable a pleno 2015, donde la alienación del e-mail y la web ahora se oculta tras los nombres Twitter, Facebook y Whatsapp), la tribal oscuridad de Seven Years In Tibet o la descarada expresión de desprecio británico a la decadente sociedad estadounidense de I'm Afraid Of Americans.
Finalmente, en una extraña y triste costumbre para Bowie, la década cierra de nuevo con un título flojo en comparación con el resto del catálogo del cantante de la mano de Hours...
Inaugurado por la melancólica Thursday's Child, este LP presenta pocos platos fuertes además de la tensa y descorazonadora Something In The Air, sin embargo se erige como interesante esfuerzo de David por introducirse en las nuevas melodías de la era de los videojuegos e Internet.

Los 90 fueron, junto a los 2000, una de las décadas menos tomadas en cuenta de la incondensable carrera de David Bowie, lo cual no se entiende si tomamos el tiempo necesario para comprender la fase de metamorfosis a la que se sometió el agotado artista, y el resultado final de tal etapa de adaptación. Desde los 70 (y, en realidad, superándolos) no se veía semejante cantidad de conmutaciones estilísticas en los trabajos del músico, y quizás tal variedad de géneros provocase la confusión del público seguidor del británico. Lo que es innegable es que los 90 fueron de todo menos infructuosos para Bowie, tanto a nivel personal como creativo, y eso es algo que los años acabarán traduciendo en Reconocimiento.

Jump They Say https://youtu.be/avJt0SQec0I
Strangers When We Meet https://youtu.be/Bab8qD1Bhnc
The Hearts Filthy Lesson https://youtu.be/lVgk7wYeZHw
I'm Afraid Of Americans https://youtu.be/u7APmRkatEU
Thursday's Child https://youtu.be/8S227FFNwl8

lunes, 12 de octubre de 2015

The Strokes / Is This It

2001, RCA

8.0


Los norteamericanos The Strokes invadieron la escena del rock garage en 2001 con su debut Is This It, uno de los mayores exponentes, aún hoy día, del renacimiento de dicho género. Un álbum controvertido, muy sexual, urbano y lleno de rabia. Tan temáticamente diverso como las emociones que le dieron forma, este trabajo liderado por la voz de Julian Casablancas recoge en 36 minutos reflexiones tan dispares como la pérdida de la virginidad de la perversa Barely Legal, la odisea de explorar nuevas experiencias en Last Nite o la perpetua e irracional lucha entre los dos sexos de Take It Or Leave It. La genialidad de la banda queda irrefutablemente demostrada en la gema titulada igual que el disco y que da comienzo al mismo: Is This It es una declaración de elegancia y singularidad, un grito que nos diferencia del resto de la manada. La distante Soma nos habla de lo duro que resulta crecer y ver que, pese a todo tu esfuerzo, nada cambia. Es un tema que va de la mano del sublime Someday, un animado corte sobre la llegada a la madurez y sus peculiares batallas, y de Hard To Explain, que habla sobre las diferencias ideológicas que no hacen más que añadir muros artificiales entre las personas. Y es que Is This It es un disco sobre la vida misma, sobre lo fugaz e intenso de lo bueno y lo duro pero necesario de lo malo, donde las normas y las doctrinas chocan irremediablemente con la naturaleza rebelde y experimental del ser humano (valgan la bíblicamente influenciada The Modern Age o el tema New York City Cops con sus putas y sus drogas).

miércoles, 7 de octubre de 2015

Especial: David Bowie en los 80

SCARY MONSTERS AND SUPER CREEPS (1980, RCA)
9.2
LET'S DANCE (1983, EMI)
9.5
TONIGHT (1984, EMI)
7.7
NEVER LET ME DOWN (1987, EMI)
3.9

David Bowie lo apodaron el Delgado Duque Blanco tras su etapa barroco-elitista de mediados de los años 70, especialmente durante el apogeo de su aclamado álbum Station To Station. Sin embargo con la llegada de los tumultuosos años 80 un título más apropiado hubiese sido el Camaleónico Duque Blanco: la capacidad de adaptación y cambio del artista británico quedó demostrada con el giro que supo dar hacia la corriente comercial de la nueva década sin perder su esencia.
No se trata de la cumbre creativa de Bowie si la comparamos con cualquier otra década, de hecho los 80 son el punto mínimo de una carrera brillante, pero sin embargo la destreza del inglés ofreció frutos que a día de hoy perduran como clásicos del rock.
Scary Monsters (And Super Creeps) es el primer álbum de esta serie ochentera, y el más artístico de esta etapa desde un punto de vista compositivo. Desde la tensa y rabiosa It's No Game, con su transfondo de protesta, hasta la agridulce Because You're Young, una postmoderna reflexión sobre el amor juvenil en la sociedad contemporánea, pasando por la cínica y bailable Fashion, una descarada crítica al mundo de la fama, la moda y el glamour. Scary Monsters es un disco sobre el estado de las cosas en pleno 1980, es un análisis social, político y cultura en toda regla, y con tintes pesimistas: valgan como ejemplo la líricamente apocalíptica Kingdom Come o el tema Up The Hill Backwards, sobre la perdida de emociones y sentimientos. Todos y cada uno de ellos cortes que, pese a su excelencia, se ven irremediablemente eclipsados por una joya de fuera de este mundo, un tema de 4 minutos y 22 segundos que a día de hoy no se ha superado: una meditación autobiográfica sobre el aburrimiento, la falta de amor, la constante desesperación por no alcanzar las propias metas y la saturante necesidad de, pese a no ser feliz, mantener la máscara de corrección frente a la sociedad. No es la autobiografía de una persona, es la de toda una generación.

Tras semejante sobredosis de hiperrealidad tocaba aliviar presión, y ¿qué lugar mejor que la pista de baile? Let's Dance fue un desmarque tan brutal de Bowie con respecto a sus anteriores trabajos que no tenía más opción que convertirse en un referente para todos los artistas que, posteriormente, quisieron romper con su trayectoria para buscar senderos nuevos. Y, claro, gracias a la radio y las discotecas, temas como Let's Dance o Modern Love siguen siendo reconocibles hoy por casi todo el mundo, pero gracias a los ritmos tan animados de este disco pocos se han parado a pensar en el mensaje de las canciones. Porque un cantante como Bowie no se vende (por ahora) al puro pop, sino que aprovecha su tiron comercial para seguir ocupando las mentes con sus ideas. Modern Love sin ir mas lejos es una invitación a no perder el tiempo y hacer cosas nuevas en un mundo gris e inmovilista, mientras que China Girl alaba la multiculturalidad y la importancia del amor frente a las ideologías políticas extremistas. Ricochet está dedicada a todas las víctimas del desempleo, y la pseudoerótica Cat People (Putting Out The Fire) es la elegante puerta abierta a la entrega total a la pasión sexual. Sensualmente nocturno, mister Bowie.
El éxito comercial de Let's Dance hizo mella en la personalidad artística de Bowie y, a duras penas, tuvo que enfrentarse a los demonios del éxito en una batalla contra la avaricia que pareció acabar en tablas con la edición de Tonight. A primera vista puede parecer una continuación, algo más densa, de Let's Dance, aunque David siempre haya afirmado que su intención fue totalmente la contraria. Conforme nos adentramos en los 35 minutos de Tonight es evidente que la inquietud por temas elevados es mayor que en el álbum predecesor, pero la irregularidad creativa es alarmantemente alta. Una apertura tan majestuosa como la oscura Loving The Alien, sobre la intolerancia de las religiones, el racismo o la perdida de valores, hace contraste con otros cortes menos elaborados como Tumble and Twirl o I Keep Forgettin'.
La diferencia extrema entre calidades va más lejos en el siguiente trabajo del artista: Never Let Me Down (1987). Jamás oí un disco donde el sentimiento causado por las canciones que lo integran podía ser dan dispar. Es aceptable hablar de mínimo histórico en la trayectoria de David Bowie con Never Let Me Down: el concepto teatral de Glass Spider es tan presuntuoso como la prepotente magnificencia que temas como New York's In Love o '87 and Cry creen tener. Y luego te encuentras con excelentes rocks como Day-In Day-Out, que abre el disco y habla sobre la creciente desigualdad en la sociedad americana, o la gentil y romántica Never Let Me Down (se llama igual que el CD), que encontrándose en medio de tantos cortes despreciablemente olvidables, es la balada más sofisticada de Bowie y de todos los 80.
Una década decreciente para Bowie, empezada con uniformidad y aclamabilidad y terminada con ideas poco claras y malas producciones, que sin duda sirvió como punto de inflexión estilístico para uno de los artistas musicales más importantes de todos los tiempos.

· De Scary Monsters
Ashes to Ashes https://youtu.be/HyMm4rJemtI
It's No Game https://youtu.be/9KdYAVjRiJ4
· De Let's Dance
Modern Love https://youtu.be/eNQa7T4kS6w
Let's Dance https://youtu.be/N4d7Wp9kKjA
· De Tonight
Loving The Alien https://youtu.be/OOaqDEjxQAU
Blue Jean https://youtu.be/LTYvjrM6djo
· De Never Let Me Down
Day In Day Out https://youtu.be/zl9BLmwFi0U
Never Let Me Down https://youtu.be/c4ZZMbpUFMY

domingo, 4 de octubre de 2015

David Bowie / Hunky Dory

1971, RCA

9.1


A simple vista la etapa inicial de David Bowie puede parecer repelentemente intelectual, y de hecho lo es, pero es por joyas como Hunky Dory que el "Duque Blanco" tiene asegurado el trono en la historia del arte musical. Arte contemporáneo, tanto para 1971 como para 2015, eso es Hunky Dory, un mix emocional de quien abandona la infancia para adentrarse en la juventud. Con la pátina del tiempo en su sonido deliberadamente incrustada, este clásico se sabía tal cosa antes incluso de ser publicado. Bowie era consciente de la magistral reflexión sobre lo confuso del crecimiento en, por ejemplo, la indeleble Changes o la triste Oh! You Pretty Things, donde poco a poco nos damos cuenta de que el inocente juego de la vida se ha vuelto agobiantemente serio. Empezamos a preocuparnos por cosas que ni sabíamos que existian (Quicksand) mientras el reloj avanza incesante, testigo de lo absurdo que, detenidamente analizada, resulta la existencia humana (Eight Line Poem, Life On Mars?).

Es entonces cuando nos negamos a continuar este sendero, queremos dar media vuelta y volver a nuestra zona de comfort, como en Kooks, pero eventualmente nos veremos forzados a bajar de nuevo a la realidad. Buscaremos alivio en temas mundanos como las mujeres o la cultura, pero los quebraderos de cabeza no duraran en volver cuando nos demos cuenta de lo peligrosas que son a veces las mujeres (Queen Bitch) o de lo enrevesado y ridículamente sibarita del mundo del arte (A Song For Bob Dylan, Andy Warhol).
Al final, ¿era evidente, no? Los mejores momentos llegan de la mano de nuestros amigos, y coqueteando con las drogas como no podía ser de otra forma en esta edad de búsqueda de nuevas experiencias (Fill Your Heart, The Bewlay Brothers), liberamos la mente y dejamos el tiempo correr sin darle mayor importancia de la que realmente tiene, que es ninguna.


Radiohead / In Rainbows

2007, XL

9.6


El séptimo álbum de Radiohead fue tan inesperado como obvio. Fue el giro lógico que los de Oxfordshire debían tomar tras Hail To The Thief, pero como es propio en ellos la ejecución final sobrepasó las barreras de lo predecible para adentrarse en la maestría como solo ellos han sabido hacer siempre. Musicalmente es el hijo fruto del encuentro furtivo entre The Bends y Kid A, con el contenido íntimo, personal e introspectivo del primero y la burbuja pesimista del segundo, si bien la densidad de In Rainbows es menor en comparación con el muro sonoro de Kid A.

La portada multicolor no hace más que ocultar una fortísima preocupación por el amor inaccesible y difícil al que no podemos limitar por más que queramos (House Of Cards, Faust Arp, All I Need). Chocamos contra el fracaso y nos abate el cansancio ocasionado por los errores que cometemos una y otra vez. Y es que aunque creamos avanzar no hacemos más que dar vueltas en círculos, según canta Yorke en 15 Step, apertura del disco.
No hay espacio para la esperanza en In Rainbows, la sublime Reckoner lo deja bien claro en su trascendental composición instrumental. Nude no sirve más que para meterse en la cama todo el día y dejarse devorar por la depresión, y aunque puntualmente parezca que las cosas van bien (como en la rockera Jigsaw Falling Into Place), la perdición llega tarde o temprano y tras toda buena racha, de nuevo la banca gana (sirva de ejemplo la oscura y experimental Videotape).
Un álbum que pese a tratar de deprimirnos con sus demoledoras letras y distópicas melodías, debe interpretarse al revés, como una guía sobre "como no enfrentarse a nuestras pesadillas" para encontrar a nuestros sueños.


martes, 29 de septiembre de 2015

Coldplay / Parachutes

2000, Parlophone

9.6


Si por algo se caracterizó el cambio de siglo en el panorama musical internacional fue por el giro hacia lo abstracto y oscuro de los nuevos tiempos. Tanto las nuevas bandas como los trabajos de grupos veteranos se tornaron tormentosos, nocturnos y transcendentales en cuanto a la temática y melodía, fruto de la creciente preocupación por el futuro que se nos echaba encima. Cambiar de siglo y de milenio fue algo solemne, fue historia en directo, fue incertidumbre y un poco de miedo. La tecnología había convertido al mundo en un lugar más rápido, con la consiguiente saturación que ello conlleva.

En medio del tic-tac hacia el año 2000, cuatro londinenses que bajo el nombre de Coldplay habían lanzado dos EPs de perfil bajo, se reunieron para grabar una de las obras imprescindibles del siglo en el momento en que éste ni siquiera había empezado a dar sus primeros pasos. Parachutes nace a la sombra de grandes como Radiohead o Modest Mouse y enfoca la soledad de la era digital desde una perspectiva romántica y contracorriente. Cuanto más insista la sociedad en apartarnos de todo contacto humano, más hemos de dejarnos la piel en la batalla por encontrar un alma gemela.

Con el piano como hilo central, este LP es triste y optimista al mismo tiempo. Es psicótico-paranoide en Spies y románticamente confuso en Trouble, hiperrealista en High Speed y pasivo-agresivo en Don't Panic, pero es también esperanzador en Everything's Not Lost y caballerosamente entregado en Sparks. Parachutes sabe que aunque cueste encontrar el amor (Parachutes, Shiver), éste llega y una vez en nuestros brazos hay que cuidarlo, mimarlo y valorarlo como refugio ante el sucio y violento mundo (Yellow, la balada más importante del siglo XXI).
Hablo de Parachutes como si fuese una persona porque, para todos los que pertenecemos a la generación del nuevo milenio, éste es un álbum que escuchado, analizado y sentido es como un hermano mayor.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Especial: Michael Jackson




OFF THE WALL (1979, Epic Records)
8.6
THRILLER (1982, Epic Records)
9.7
BAD (1987, Epic Records)
9.2

Si me preguntasen cuál es el cantante que más impacto ha tenido en mi vida sobre la forma en que yo entiendo la música, sin duda diría que la mayor influencia (y desde bien pequeño) viene del Rey Del Pop. Michael Jackson no solo ha sido una de las estrellas más brillantes sobre el firmamento de la cultura popular, sino que su propia persona supuso en su tiempo el nacimiento de un estilo propio: musical, de personalidad y de estilo en todas las facetas posibles. La importancia de Michael Jackson no se limita, además, a su papel de revolucionario del pop, sino que además es perfecto objeto de estudio sobre como la fama y la trayectoria influyen en el ser humano, tanto en el receptor del éxito como en el público que lo aplaude.
Pocas discografías son tan útiles para entender la progresión vital de una persona como la del tristemente desaparecido Jackson. Tras la etapa de niño prodigio y aura Motown en sus comienzos con los Jackson 5 y la publicación de los primeros LPs de estudio (Ben, Got To Be There, Forever Michael...), Michael edita el que supondría el verdadero comienzo de tu estrellato. Off The Wall es sonido negro, la genialidad dance dedicada a sus maestros e influencias de la era Motown. Música joven y light sobre romance, con momentos tan movidos como la melosa Rock With You, las puramente disco Get On The Floor o Burn This Disco Out. Las raíces de Michael estan claramente patentes en la apertura del LP, Don't Stop Til You Get Enough, y a partir de ahí su creatividad deriva en éxitos como la triste y bella balada She's Out Of My Life o la adolescente Girlfriend.

Asentado el camino seguro hacia la aclamación crítica y comercial, las expectativas tras Off The Wall se vieron recompensadas tres años más tarde con el que, hasta la fecha de hoy, 26 de septiembre de 2015 (33 años!) ES el disco más vendido de la historia y con amplia diferencia. Dependiendo de la fuente consultada, las cifras de Thriller oscilan, sin exactitud, los 100 millones de copias, aunque es altamente probable que el dato real sea aproximadamente del doble. No es para menos si tenemos en cuenta el impacto que supusieron el videoclip de Thriller o la introducción del moonwalking acompañado de los acordes de Billie Jean. Sumémosle de nuevo un guiño a los orígenes del artista en la picarona Wanna Be Startin' Somethin' o la producción perfecta de la emocionante Human Nature para entender porqué este es uno de los mejores discos de la historia. A estas alturas vemos a un Michael algo más maduro, menos bailón que en Off The Wall y más centrado en la pura composición lírica, sin menospreciar la inmensa uniformidad que caracteriza a este disco, pues aunque pasemos de la euforia de Billie Jean a la intimidad de The Lady In My Life, el sonido que acompaña a todos los cortes viene definido por los mismos patrones estilísticos (Resulta que Thriller era un disco conceptual y me acabo de dar cuenta... vaya).
Es obvio que el impacto de Thriller supuso la automática e imparable ascensión de Michael Jackson al trono del Pop, y las connotaciones negativas de dicha fama sobre la vida personal del cantante comienzan a alterar visiblemente su personalidad y obra. Bad supone el punto de inflexión en su discografía, el paso del chico de las canciones de amor al hombre enfadado entre líneas consigo mismo. La prensa rosa es ya a estas alturas la eterna enemiga de Michael, y como respuesta de alguien con clase le lanza un morterazo de odio desesperado en Leave Me Alone, que por lo personal del tema se convierte en el momento más trascendente del álbum. Himnos como la rebelde Bad, que analizada fríamente debería ser embarazosa, son éxitos atemporales. Smooth Criminal es un carrusel narrativo tan intenso que si en lugar de durar 4 minutos 18 segundos durase un minuto más, muchos habríamos explotado por la tensión de este corte, cuyo videoclip en versión extendida es un imprescindible para todo el mundo que quiera jactarse de conocer los grandes clásicos del rock. Es en Bad donde vemos aparecer una de las facetas menos apreciadas de Michael pero que, para quienes admiramos su persona, lo convierten en un verdadero mito de la humanidad. El compromiso con los problemas del mundo, la pobreza, las guerras y el medio ambiente marcaron y aliviaron la convulsa vida de Jackson, que a día de hoy es una de las figuras que más dinero ha destinado a la filantropía. Man In The Mirror es un sublime corte repleto de esperanza en el cambio a mejor, una melodía animada pero contemplativa al mismo tiempo, gentilmente a un paso atrás de la voz de Michael con el fin de que su mensaje de paz llegue alto y claro.
Tres discos, tres, que convirtieron a un famoso cantante en una celebridad mundial, con las profundas heridas para la vida personal que ello representa. Tres trabajos que son el diario privado e irónicamente más vendido de un ser humano excepcional y único.

jueves, 24 de septiembre de 2015

David Bowie / "Heroes"

1977, RCA

9.1


El delgado duque blanco siempre ha estado adelantado a su tiempo. Sus trabajos glam rock de los 60 y los 70 lo atestiguan. Donde sin embargo alcanzó su propia cumbre artística fue en el art rock de finales de los 70. Ritmos más discretos y experimentales y letras más crípticas y maduras dieron forma a trabajos indispensables en la arquitectura histórica del rock como Station To Station (1976) o, entrando en la "Trilogía Berlín", Low (1977), que se erige como pieza referente en la música minimalista.
Dentro de la misma triada de álbumes, creada por el artista británico durante su estancia de la capital de, por aquel entonces, Alemania Occidental, se encuentra "Heroes". Dejando atrás el puro ensayo instrumental de Low, Heroes es un título oscuro y más personal. Claro ejemplo de ello es la apertura del LP, Beauty and the Beast, una doble lectura sobre, por un lado los efectos de la cocaína a la que David Bowie era adicto por aquél entonces, y a la vez una reflexión sobre la "bipolaridad emocional" innata de cada ser humano, la cara y la cruz de cada persona sobre un pegadizo y nocturno ritmo de guitarra, batería y alteraciones electrónicas. Otra reflexión sobre lo insostenible de sus adicciones es Joe The Lion, un tema no tan denso como el que le precede pero también doloroso en sus confesoras letras.
Bowie sabe jugar muy bien con las imágenes mentales y por eso crea la conmovedora escena de "Heroes", track titulado igual que el álbum. Ante el muro de Berlín, en plena guerra fría, nos cuenta la historia de dos amantes conquistados por la idea de derribar algún día el telón de acero. Épica y romance que, entre líneas, habla sobre las dificultades de la vida y la manera de afrontarlas en pareja.
En "Heroes" también tenía que haber cabida para la reflexión sobre la vida bajo un punto de vista más conspiranoico, pues como todo buen artista David tiene el deber de luchar contra los poderes y el sistema que, entre otros pecados, convierte en rebaño a la juventud. Para eso están los agónicos estribillos y la estructura medio hímnica medio panfletaria de Sons Of The Silent Age, para devolver la creatividad y la libertad a la juventud que desde su infancia es llevada por los estrictos caminos de la educación anticuada.
Envuelto en su particular locura, drogas y fama mediante, encontramos al Bowie romántico de Blackout, caballero en la noche, atento a las damas en medio de un mundo superficial y convulso, todo sobre los acordes propios de un cabaret. De aquí en adelante nos adentramos en una jungla instrumental característica de los LPs de la era Berlín: la antibelicista V-2 Schneider, la distante y psicológica Sense Of Doubt (sería buena banda sonora para un videojuego de terror hoy día), o el evocador corte de 5 minutos Moss Garden.
Los 41 minutos cierran con la también instrumental Neukoln y con The Secret Life Of Arabia, de nuevo sobrevolando la adicción a los estupefacientes de este genio de la música en aquella etapa de su vida.
"Heroes" es en realidad un diario, una grabación cámara en mano de la vida propia y del mundo que la rodea. Recoge tanto el estado mental y personal de Bowie en pleno 1977 como el ambiente metálico de la guerra a punto de estallar en un punto histórico y geográfico tan complejo como el que vio nacer a este álbum. Una pieza de museo sobre la historia y la psicología.