9.6
El séptimo álbum de Radiohead fue tan inesperado como obvio. Fue el giro lógico que los de Oxfordshire debían tomar tras Hail To The Thief, pero como es propio en ellos la ejecución final sobrepasó las barreras de lo predecible para adentrarse en la maestría como solo ellos han sabido hacer siempre. Musicalmente es el hijo fruto del encuentro furtivo entre The Bends y Kid A, con el contenido íntimo, personal e introspectivo del primero y la burbuja pesimista del segundo, si bien la densidad de In Rainbows es menor en comparación con el muro sonoro de Kid A.
La portada multicolor no hace más que ocultar una fortísima preocupación por el amor inaccesible y difícil al que no podemos limitar por más que queramos (House Of Cards, Faust Arp, All I Need). Chocamos contra el fracaso y nos abate el cansancio ocasionado por los errores que cometemos una y otra vez. Y es que aunque creamos avanzar no hacemos más que dar vueltas en círculos, según canta Yorke en 15 Step, apertura del disco.
No hay espacio para la esperanza en In Rainbows, la sublime Reckoner lo deja bien claro en su trascendental composición instrumental. Nude no sirve más que para meterse en la cama todo el día y dejarse devorar por la depresión, y aunque puntualmente parezca que las cosas van bien (como en la rockera Jigsaw Falling Into Place), la perdición llega tarde o temprano y tras toda buena racha, de nuevo la banca gana (sirva de ejemplo la oscura y experimental Videotape).
Un álbum que pese a tratar de deprimirnos con sus demoledoras letras y distópicas melodías, debe interpretarse al revés, como una guía sobre "como no enfrentarse a nuestras pesadillas" para encontrar a nuestros sueños.

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