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lunes, 18 de julio de 2016

David Bowie / Lodger

(1979, RCA)
(gen: rock)

8.8

La última entrega de la trilogía Berlín muestra un ligero retazo de hacia donde se dirigiría David Bowie en la siguiente década. Sin abandonar los muros del art rock en términos líricos, Lodger muestra a un Bowie más cercano al rock comercial, a las grandes melodías y los estribillos medianamente comunes. La genial "Look Back In Anger" no suena a nada que Bowie hubiese brindado con anterioridad: una antiheroica historia de arrepentimiento y revelación divina que, durante la muerte, nos descubre lo desalmados que hemos sido en nuestra vida aunque hayamos luchado por conducirnos por los caminos de la moral y la corrección. Una inteligente metáfora sobre el conflicto entre el alma y la carne humanas.
La divertida "Yassassin", con su sonido añejo pero bien conservado, habla sobre la tolerancia mientras que la pseudo-disco "D.J." en la que Bowie recurre a la música como analgésico frente a la perra vida trabajadora, en un guiño a la dura vida urbana de finales de los setenta. Lodger, uno de los discos más injustamente infravalorados de David (no solo en opinión mía, sino en la de muchos), que aúna ritmos atractivos con letras comprometidas y, sin rallar en lo pedante, ciertamente cerebrales.

lunes, 11 de julio de 2016

Tin Machine

TIN MACHINE I (1989, EMI)
6.5
TIN MACHINE II (1991, Victory Music)
7.5
(gen: rock)
Tras la desastrosa etapa artística que tanta mella hizo en el alma de David Bowie a finales de los 80, culpa de un Never Let Me Down que brindó lo peor de la carrera del cantante, estaba claro que un punto de inflexión creativo era imprescindible para no ver caer al Duque Blanco en un pozo que supondría el final de su carrera. Por eso, en un acto de regeneración artística, el británico se alió con el guitarrista Reeves Gabrels y los hermanos Sales (Tony como bajista y Hunt como batería). Este nuevo grupo a través del cual Bowie esperaba reconectar con sus musas pasadas como quien se arrastra tras una ex-novia que lo era todo, pasó a denominarse Tin Machine. Las pretensiones del grupo estaban claras: sonido rock duro, letras comprometidas y una atmósfera que hoy, décadas después, se considera ampliamente vanguardista teniendo en cuenta cuáles serían los derroteros posteriores del hard rock durante los noventa. La primera entrega de la banda hizo evidente la inmejorable compenetración entre sus miembros, y si bien como álbum estamos ante un trabajo demasiado largo y, hacia su mitad, monótono, se salvan con mucho cortes como "Heaven's In Here", la elegante y ecléctica "Baby Can Dance" o las politizadas "Crack City" y "I Can't Read". Sin embargo esta asociación de músicos veteranos demostraría todo su potencial en su segundo LP, Tin Machine II: una sobredosis de elegancia (antesala del Black Tie White Noise que Bowie presentaría en solitario en 1993) que se hace patente en la acelerada "Baby Universal" (extremadamente importante dentro de la carrera de David a partir de este momento), la tensa "Betty Wrong" o la reivindicativa "Shopping For Girls". Por supuesto todas palidecen ante lo que no solo es obviamente lo mejor y más brutal de Tin Machine, sino probablemente la cima del David Bowie de los años noventa y la raíz estilística del rock progresivo de los noventa gracias a sus melodías oscuras y enigmáticas y sus letras minimalistas: "You Belong In Rock and Roll" es, injustamente, uno de los cortes más infravalorados de cuantos se han producido en los últimos 30 años.

You Belong In Rock'n'Roll https://youtu.be/Ok5A8VoOMis

sábado, 21 de mayo de 2016

David Bowie / Reality

(2003, ISO/Columbia)
(gen: rock)

7.6

Reality es el antepenúltimo álbum de David Bowie, un LP que nada tiene que ver con el oscuro Heathen de 2002 y que sin embargo sigue adentrándose en terrenos temáticamente complejos. Arranca con el sonido más fresco de Bowie en años con la rockera New Killer Star como declaración de fuerza por parte del artista, que en aquellos años se encontraba involucrado en multitud de proyectos, desde negocios de Internet hasta sus propias giras. La descarada Pablo Picasso es una inyección de ego del propio David para todo el mundo: en esta versión de la canción de Jonathan Richman se nos invita a vernos como el mejor dotado de la fiesta, se nos da el empujón de carisma y confianza que necesitamos para hacer cualquier cosa. Aún dando vueltas sobre el ego cósmico de Bowie, que parece que no tiene abuela en este disco, aparece Never Get Old (una oda a la eterna juventud de las macroestrellas de rock) antes de cambiar radicalmente de atmósfera para llegar a la melancólica The Loneliest Guy. El corte Bring Me The Disco King procede de diez años antes, de las sesiones de grabación de Black Tie White Noise en 1992-1993, y por supuesto cuenta con el punto jazzístico que inundaba al Duque Blanco por aquellos infravalorados tiempos. Hay feminismo en She'll Drive The Big Car y drogas en Try Some, Buy Some. Reality es en realidad el típico disco de rockero maduro que aún tiene espíritu joven pero que puede presumir de experiencia, algo que no se compra en ninguna tienda y de lo que, a través de este LP, podemos aprender mucho los demás.

sábado, 14 de mayo de 2016

David Bowie / Station To Station

(1976, RCA Records)
(gen: rock/funk/soul)

9.8

En lo más profundo de su adicción a la cocaína, cuando el mundo ya estaba a sus pies y los efectos del estrellato empezaban a hacer una sangrienta mella en su mente, David Bowie se volvía un hombre extraño, que mientras habla contigo de pronto pierde su mirada en el horizonte y suelta perlas de pensamiento que los que le rodean no entienden, como si el músico y el resto de la humanidad pertenecieran a planos diferentes. Era imposible distinguir qué era cierto y qué era falso en ese momento, un momento de cambio no solo a nivel personal para Bowie sino para el rock y la sociedad en general: el ocaso de los 70, la llegada de los 80, la crisis del petróleo, el boom cultural, la resaca de la llegada a la luna, el telón de acero... Eran demasiadas cosas como para no entregarse a los placeres del vicio en un momento en que las apariencias quizás no parecían lo más importante en medio de lo que no se sabía si era el mundo real o un sueño. Una era de cambios tan rápidos que podría ser el equivalente, con la perspectiva de hoy día, a la entrada al siglo XXI. Station To Station es el resultado de esos tiempos, un LP bohemio en concepción y canalla en resultado. El corte "Station To Station", de diez minutazos, no es solo el más largo en la carrera de Bowie, sino los cimientos de su imagen de Duque Blanco y, quizás, la sátira de lo absurdo que resulta todo en un clima de conflictividad como el de aquellos años para un artista que, gracias a su subida a lo más alto, tenía una visión mucho más rica y merecidamente condescendiente. Golden Years es un guiño a los años del swing y precisamente una mirada a los buenos tiempos (qué casualidad que sea la época que sea, siempre es el pasado lo mejor y el presente lo más despreciable... y esto me suena tanto hoy en 2016). La voz de David en este Golden Years es la más elegante y engolada de su carrera, caballeresca y seductora gracias a ese toque de profundidad de quien mira al pasado con los ojos vidriosos. Stay es el otro punto rock de este críptico disco, un choca-esos-cinco a las drogas que le hacían expandir su mente o quizás solamente evitar que se suicidase por asco al mundo. No mejor pero casi es la versión del tema Wild Is The Wind, un epílogo perfecto a este disco donde el caballo blanco de la cocaína y su adicción en medio de la confusión del maldito presente no simboliza más que lo distante que parece el amor verdadero en tiempos donde todo el mundo anda en las nubes. Es tan 2016 para ser 1976...

sábado, 7 de noviembre de 2015

David Bowie / The Next Day

2013, ISO/Columbia

7.7

No hubo ni un seguidor del mundo de la música que no se viese sorprendido a comienzos de 2013 cuando un silencioso David Bowie lanzaba su primer trabajo de estudio en diez años. Después de un normalito Reality, varios sustos cardíacos y un mayor interés por su vida familiar, el público daba implícitamente por retirado al Delgado Duque Blanco, creador de pilares estructurales críticos para la historia de la música como Ziggy Stardust, Hunky Dory, Heroes, Low, Station To Station o Let's Dance. Sin embargo, con la mayor de las discrecciones, el británico afincado en Nueva York daba forma a The Next Day, 54 minutos de puro rock en los que se reviven estilos de casi todas las etapas de Bowie. El tema homónimo abre frenéticamente el disco con acordes extraídos de Reality y dejando claro que para nada el genio está acabado musicalmente. La oscura Dirty Boys revive la rebeldía juvenil de los comienzos de David, antes de dar paso a The Stars Are Out Tonight, el tema más comercial y pegadizo del disco: de nuevo una referencia a su estado activo como artista frente a las voces que lo daban por acabado. La brutal Valentine's Day no solo es lo mejor que ha producido David Bowie desde Sunday (Heathen, 2002), sino que hace gala de la cima de madurez paternalista a la que ha ascendido el cantante que, preocupado por la violencia creciente en la sociedad, llama a reflexionar sobre los peligros de las armas de fuego a través de la nada explícitamente sangrienta historia que nos relata en el corte, por lo que no nos encontramos simplemente ante un tema de protesta sino también ante un reflejo de las inquietudes más personales del músico.
Artísticamente no se queda atrás la melancólica Where Are We Now?, donde una perceptiblemente envejecida voz del cantante rememora lugares clave de Berlín a través de escenarios que podríamos situar en el tiempo entorno a finales de los setenta, momento en que Bowie residía en la capital alemana mientras daba forma a su indispensable trío de álbums Low, Heroes y Lodger. La progresiva I'd Rather Be High da buena cuenta de lo inútil de las grandes contiendas sangrientas de la humanidad en una rebelde explosión midtempo que agasaja al ego propio frente a las locuras del resto del mundo a modo de evasión de las alocadas noticias con que nos bombardean desde los frentes. Otro críptico momento de The Next Day llega en Love Is Lost, una meditación sobre los drásticos cambios de la sociedad tecnológica, la nueva economía, la globalización y el impacto de todos ellos en la mentalidad del individuo urbano, cuya intimidad desaparece en las redes sociales y cuyo voto se diluye en la aparentemente inservible democracia.
Una interesante vuelta a la escena de uno de los músicos más influyentes de la historia, donde como ha hecho durante todas las décadas de sus más de 40 años de trayectoria, ha dado su particular visión actualizada de sus mundos interior y exterior.


Valentine's Day https://youtu.be/S4R8HTIgHUU
The Stars Are Out Tonight https://youtu.be/gH7dMBcg-gE

martes, 13 de octubre de 2015

Especial: David Bowie en los 90

BLACK TIE WHITE NOISE (1993, Savage)
8.0
THE BUDDHA OF SUBURBIA (1993, BMG)
8.0
OUTSIDE (1995, Virgin Records)
8.9
EARTHLING (1997, Virgin Records)
9.3
HOURS... (1999, Virgin Records)
4.3
Tras los ochenta, David Bowie se enfrentaba a la última década del milenio inmerso en una severa crisis artística. La calidad, en declive, de sus últimos trabajos, no solo alarmaba al público y a la crítica, sino que hacía mella en el propio Bowie que, consciente de su peligrosa situación creativa, tomó la solemne decisión de reinventarse como fuera. El genio británico apartó a un lado su carrera en solitario y formó la banda de rock Tin Machine junto al guitarrista Reeves Gabrels, el bajista Tony Sales y el batería Hunt Sales.
El trabajo en equipo y la incursión en géneros hasta ahora apartados para él, como el hard rock, supusieron un majestuoso despertar para la mente del artista, que tras lanzar al mercado dos notables e injustamente olvidados LPs junto a sus compañeros, decidió retomar su propia senda en solitario.

Alentado por sus renovadas fuerzas musicales y por las mariposas del amor profesado a su nueva esposa, la supermodelo Iman (con la que ya lleva 23 años casado y tuvo un hijo en el año 2000), en 1993 completaría la edición de Black Tie White Noise. El Duque Blanco visitó acordes de jazz (sin abandonar su espíritu rock) y temas sociales y emocionales. Black Tie White Noise es un regalo de boda a su esposa, y muestra de ello son las dulces Miracle Goodnight, The Wedding Song o Nite Flights, pero también es una reflexión sobre las diferencias raciales que más que nunca importaban ahora a Bowie. Se acababa de casar con una modelo negra, y en plena producción del disco (1992), la tensión racial en Estados Unidos se encontraba en niveles de alerta roja: el tema homónimo al disco es una invitación a blancos y negros para entenderse y respetarse. You've Been Around es un sensual corte sobre el conflicto emocional fruto del enamoramiento, mientras que Jump They Say (uno de los mejores temas de la carrera de David Bowie, y tan infravalorado como sublime) tiene doble lectura: dedicatoria a su hermano fallecido por suicidio años antes, y crítica al modo de vida competitivo y deshumanizado de la sociedad moderna. Black Tie White Noise fue, además de número uno en Reino Unido, calurosamente acogido por la crítica, a la que me uno al afirmar que es uno de los mejores ejemplos de renacimiento artístico personal de la historia, aunque también fue y sigue siendo un álbum de perfil bajo, poco conocido e incluso algo abandonado por el propio Bowie. Situación totalmente ilógica para uno de los trabajos más elegantes y dinámicos de cuantos se han creado en rock.
Continuando la tónica estilística de Black Tie White Noise, aunque alimentando una faceta más experimental, el de Brixton (suburbio de Londres que vió nacer a semejante genio) ponía sintonía a la serie de televisión británica The Buddha Of Suburbia. La banda sonora de la producción contaría con 56 minutos de rebeldía adolescente y provocación desmedida en temas como Buddha Of Suburbia o Sex And The Church. Juegos instrumentales dan lugar a South Horizon (¿Electrojazz? podría llamarse así) antes de llegar a otro arreglo emblemático de la carrera tardía de Bowie: Strangers When We Meet. Este genial uptempo lleva el sello instrumental de la etapa jazz de David y trata sobre el reencuentro con viejas amistades y el impacto que causa en nosotros contemplar el paso del tiempo en los demás.
Dos años más tarde el inglés sorprendería con el concepto de Outside. A simple vista un musical no parece el culmen de la originalidad, pero Outside fue en realidad más allá y supuso la combinación de la, por aquel entonces, adolescente era digital, la narración en clave de rock, el marketing y el género thriller-policíaco. Outside cuenta la historia de un futuro sombrío, no muy lejano por aquel entonces (finales de siglo), donde el arte y la sangre estaban más relacionados de lo que humanamente uno podría desear. Bowie es Nathan Adler, un inspector encargado de investigar varios crímenes relacionados con el sangriento arte underground donde los cuerpos desmembrados y reensamblados en tétricas formas son éxito crítico en las alcantarillas de las grandes y contaminadas urbes. Al margen de la épica forma de jugar con la linealidad de la trama, musicalmente nos encontramos ante una colección de grandes momentos como la futurística Hallo Spaceboy (exitosamente remixada por Pet Shop Boys ), la instintiva The Voyeur Of Utter Destruction o, sobre todo, la crípticamente romántica The Hearts Filthy Lesson.
Como no por algo se acaba siendo considerado uno de los artistas más versátiles de la historia del rock, Earthling, de 1997, constituyo el enésimo cambio de trayectoria de David. Drum and bass se llama el género aquí visitado: música industrial para la era OK Computer. El resultado: la sobredosis de realidad plástica de la magistral Little Wonder, la marciana belleza de la triste Looking For Satellites (cuyo mensaje es totalmente aplicable a pleno 2015, donde la alienación del e-mail y la web ahora se oculta tras los nombres Twitter, Facebook y Whatsapp), la tribal oscuridad de Seven Years In Tibet o la descarada expresión de desprecio británico a la decadente sociedad estadounidense de I'm Afraid Of Americans.
Finalmente, en una extraña y triste costumbre para Bowie, la década cierra de nuevo con un título flojo en comparación con el resto del catálogo del cantante de la mano de Hours...
Inaugurado por la melancólica Thursday's Child, este LP presenta pocos platos fuertes además de la tensa y descorazonadora Something In The Air, sin embargo se erige como interesante esfuerzo de David por introducirse en las nuevas melodías de la era de los videojuegos e Internet.

Los 90 fueron, junto a los 2000, una de las décadas menos tomadas en cuenta de la incondensable carrera de David Bowie, lo cual no se entiende si tomamos el tiempo necesario para comprender la fase de metamorfosis a la que se sometió el agotado artista, y el resultado final de tal etapa de adaptación. Desde los 70 (y, en realidad, superándolos) no se veía semejante cantidad de conmutaciones estilísticas en los trabajos del músico, y quizás tal variedad de géneros provocase la confusión del público seguidor del británico. Lo que es innegable es que los 90 fueron de todo menos infructuosos para Bowie, tanto a nivel personal como creativo, y eso es algo que los años acabarán traduciendo en Reconocimiento.

Jump They Say https://youtu.be/avJt0SQec0I
Strangers When We Meet https://youtu.be/Bab8qD1Bhnc
The Hearts Filthy Lesson https://youtu.be/lVgk7wYeZHw
I'm Afraid Of Americans https://youtu.be/u7APmRkatEU
Thursday's Child https://youtu.be/8S227FFNwl8

miércoles, 7 de octubre de 2015

Especial: David Bowie en los 80

SCARY MONSTERS AND SUPER CREEPS (1980, RCA)
9.2
LET'S DANCE (1983, EMI)
9.5
TONIGHT (1984, EMI)
7.7
NEVER LET ME DOWN (1987, EMI)
3.9

David Bowie lo apodaron el Delgado Duque Blanco tras su etapa barroco-elitista de mediados de los años 70, especialmente durante el apogeo de su aclamado álbum Station To Station. Sin embargo con la llegada de los tumultuosos años 80 un título más apropiado hubiese sido el Camaleónico Duque Blanco: la capacidad de adaptación y cambio del artista británico quedó demostrada con el giro que supo dar hacia la corriente comercial de la nueva década sin perder su esencia.
No se trata de la cumbre creativa de Bowie si la comparamos con cualquier otra década, de hecho los 80 son el punto mínimo de una carrera brillante, pero sin embargo la destreza del inglés ofreció frutos que a día de hoy perduran como clásicos del rock.
Scary Monsters (And Super Creeps) es el primer álbum de esta serie ochentera, y el más artístico de esta etapa desde un punto de vista compositivo. Desde la tensa y rabiosa It's No Game, con su transfondo de protesta, hasta la agridulce Because You're Young, una postmoderna reflexión sobre el amor juvenil en la sociedad contemporánea, pasando por la cínica y bailable Fashion, una descarada crítica al mundo de la fama, la moda y el glamour. Scary Monsters es un disco sobre el estado de las cosas en pleno 1980, es un análisis social, político y cultura en toda regla, y con tintes pesimistas: valgan como ejemplo la líricamente apocalíptica Kingdom Come o el tema Up The Hill Backwards, sobre la perdida de emociones y sentimientos. Todos y cada uno de ellos cortes que, pese a su excelencia, se ven irremediablemente eclipsados por una joya de fuera de este mundo, un tema de 4 minutos y 22 segundos que a día de hoy no se ha superado: una meditación autobiográfica sobre el aburrimiento, la falta de amor, la constante desesperación por no alcanzar las propias metas y la saturante necesidad de, pese a no ser feliz, mantener la máscara de corrección frente a la sociedad. No es la autobiografía de una persona, es la de toda una generación.

Tras semejante sobredosis de hiperrealidad tocaba aliviar presión, y ¿qué lugar mejor que la pista de baile? Let's Dance fue un desmarque tan brutal de Bowie con respecto a sus anteriores trabajos que no tenía más opción que convertirse en un referente para todos los artistas que, posteriormente, quisieron romper con su trayectoria para buscar senderos nuevos. Y, claro, gracias a la radio y las discotecas, temas como Let's Dance o Modern Love siguen siendo reconocibles hoy por casi todo el mundo, pero gracias a los ritmos tan animados de este disco pocos se han parado a pensar en el mensaje de las canciones. Porque un cantante como Bowie no se vende (por ahora) al puro pop, sino que aprovecha su tiron comercial para seguir ocupando las mentes con sus ideas. Modern Love sin ir mas lejos es una invitación a no perder el tiempo y hacer cosas nuevas en un mundo gris e inmovilista, mientras que China Girl alaba la multiculturalidad y la importancia del amor frente a las ideologías políticas extremistas. Ricochet está dedicada a todas las víctimas del desempleo, y la pseudoerótica Cat People (Putting Out The Fire) es la elegante puerta abierta a la entrega total a la pasión sexual. Sensualmente nocturno, mister Bowie.
El éxito comercial de Let's Dance hizo mella en la personalidad artística de Bowie y, a duras penas, tuvo que enfrentarse a los demonios del éxito en una batalla contra la avaricia que pareció acabar en tablas con la edición de Tonight. A primera vista puede parecer una continuación, algo más densa, de Let's Dance, aunque David siempre haya afirmado que su intención fue totalmente la contraria. Conforme nos adentramos en los 35 minutos de Tonight es evidente que la inquietud por temas elevados es mayor que en el álbum predecesor, pero la irregularidad creativa es alarmantemente alta. Una apertura tan majestuosa como la oscura Loving The Alien, sobre la intolerancia de las religiones, el racismo o la perdida de valores, hace contraste con otros cortes menos elaborados como Tumble and Twirl o I Keep Forgettin'.
La diferencia extrema entre calidades va más lejos en el siguiente trabajo del artista: Never Let Me Down (1987). Jamás oí un disco donde el sentimiento causado por las canciones que lo integran podía ser dan dispar. Es aceptable hablar de mínimo histórico en la trayectoria de David Bowie con Never Let Me Down: el concepto teatral de Glass Spider es tan presuntuoso como la prepotente magnificencia que temas como New York's In Love o '87 and Cry creen tener. Y luego te encuentras con excelentes rocks como Day-In Day-Out, que abre el disco y habla sobre la creciente desigualdad en la sociedad americana, o la gentil y romántica Never Let Me Down (se llama igual que el CD), que encontrándose en medio de tantos cortes despreciablemente olvidables, es la balada más sofisticada de Bowie y de todos los 80.
Una década decreciente para Bowie, empezada con uniformidad y aclamabilidad y terminada con ideas poco claras y malas producciones, que sin duda sirvió como punto de inflexión estilístico para uno de los artistas musicales más importantes de todos los tiempos.

· De Scary Monsters
Ashes to Ashes https://youtu.be/HyMm4rJemtI
It's No Game https://youtu.be/9KdYAVjRiJ4
· De Let's Dance
Modern Love https://youtu.be/eNQa7T4kS6w
Let's Dance https://youtu.be/N4d7Wp9kKjA
· De Tonight
Loving The Alien https://youtu.be/OOaqDEjxQAU
Blue Jean https://youtu.be/LTYvjrM6djo
· De Never Let Me Down
Day In Day Out https://youtu.be/zl9BLmwFi0U
Never Let Me Down https://youtu.be/c4ZZMbpUFMY

domingo, 4 de octubre de 2015

David Bowie / Hunky Dory

1971, RCA

9.1


A simple vista la etapa inicial de David Bowie puede parecer repelentemente intelectual, y de hecho lo es, pero es por joyas como Hunky Dory que el "Duque Blanco" tiene asegurado el trono en la historia del arte musical. Arte contemporáneo, tanto para 1971 como para 2015, eso es Hunky Dory, un mix emocional de quien abandona la infancia para adentrarse en la juventud. Con la pátina del tiempo en su sonido deliberadamente incrustada, este clásico se sabía tal cosa antes incluso de ser publicado. Bowie era consciente de la magistral reflexión sobre lo confuso del crecimiento en, por ejemplo, la indeleble Changes o la triste Oh! You Pretty Things, donde poco a poco nos damos cuenta de que el inocente juego de la vida se ha vuelto agobiantemente serio. Empezamos a preocuparnos por cosas que ni sabíamos que existian (Quicksand) mientras el reloj avanza incesante, testigo de lo absurdo que, detenidamente analizada, resulta la existencia humana (Eight Line Poem, Life On Mars?).

Es entonces cuando nos negamos a continuar este sendero, queremos dar media vuelta y volver a nuestra zona de comfort, como en Kooks, pero eventualmente nos veremos forzados a bajar de nuevo a la realidad. Buscaremos alivio en temas mundanos como las mujeres o la cultura, pero los quebraderos de cabeza no duraran en volver cuando nos demos cuenta de lo peligrosas que son a veces las mujeres (Queen Bitch) o de lo enrevesado y ridículamente sibarita del mundo del arte (A Song For Bob Dylan, Andy Warhol).
Al final, ¿era evidente, no? Los mejores momentos llegan de la mano de nuestros amigos, y coqueteando con las drogas como no podía ser de otra forma en esta edad de búsqueda de nuevas experiencias (Fill Your Heart, The Bewlay Brothers), liberamos la mente y dejamos el tiempo correr sin darle mayor importancia de la que realmente tiene, que es ninguna.


jueves, 24 de septiembre de 2015

David Bowie / "Heroes"

1977, RCA

9.1


El delgado duque blanco siempre ha estado adelantado a su tiempo. Sus trabajos glam rock de los 60 y los 70 lo atestiguan. Donde sin embargo alcanzó su propia cumbre artística fue en el art rock de finales de los 70. Ritmos más discretos y experimentales y letras más crípticas y maduras dieron forma a trabajos indispensables en la arquitectura histórica del rock como Station To Station (1976) o, entrando en la "Trilogía Berlín", Low (1977), que se erige como pieza referente en la música minimalista.
Dentro de la misma triada de álbumes, creada por el artista británico durante su estancia de la capital de, por aquel entonces, Alemania Occidental, se encuentra "Heroes". Dejando atrás el puro ensayo instrumental de Low, Heroes es un título oscuro y más personal. Claro ejemplo de ello es la apertura del LP, Beauty and the Beast, una doble lectura sobre, por un lado los efectos de la cocaína a la que David Bowie era adicto por aquél entonces, y a la vez una reflexión sobre la "bipolaridad emocional" innata de cada ser humano, la cara y la cruz de cada persona sobre un pegadizo y nocturno ritmo de guitarra, batería y alteraciones electrónicas. Otra reflexión sobre lo insostenible de sus adicciones es Joe The Lion, un tema no tan denso como el que le precede pero también doloroso en sus confesoras letras.
Bowie sabe jugar muy bien con las imágenes mentales y por eso crea la conmovedora escena de "Heroes", track titulado igual que el álbum. Ante el muro de Berlín, en plena guerra fría, nos cuenta la historia de dos amantes conquistados por la idea de derribar algún día el telón de acero. Épica y romance que, entre líneas, habla sobre las dificultades de la vida y la manera de afrontarlas en pareja.
En "Heroes" también tenía que haber cabida para la reflexión sobre la vida bajo un punto de vista más conspiranoico, pues como todo buen artista David tiene el deber de luchar contra los poderes y el sistema que, entre otros pecados, convierte en rebaño a la juventud. Para eso están los agónicos estribillos y la estructura medio hímnica medio panfletaria de Sons Of The Silent Age, para devolver la creatividad y la libertad a la juventud que desde su infancia es llevada por los estrictos caminos de la educación anticuada.
Envuelto en su particular locura, drogas y fama mediante, encontramos al Bowie romántico de Blackout, caballero en la noche, atento a las damas en medio de un mundo superficial y convulso, todo sobre los acordes propios de un cabaret. De aquí en adelante nos adentramos en una jungla instrumental característica de los LPs de la era Berlín: la antibelicista V-2 Schneider, la distante y psicológica Sense Of Doubt (sería buena banda sonora para un videojuego de terror hoy día), o el evocador corte de 5 minutos Moss Garden.
Los 41 minutos cierran con la también instrumental Neukoln y con The Secret Life Of Arabia, de nuevo sobrevolando la adicción a los estupefacientes de este genio de la música en aquella etapa de su vida.
"Heroes" es en realidad un diario, una grabación cámara en mano de la vida propia y del mundo que la rodea. Recoge tanto el estado mental y personal de Bowie en pleno 1977 como el ambiente metálico de la guerra a punto de estallar en un punto histórico y geográfico tan complejo como el que vio nacer a este álbum. Una pieza de museo sobre la historia y la psicología.

viernes, 4 de septiembre de 2015

David Bowie / Black Tie White Noise

1993, Savage Records

8.0


Tras la aparente desorientación causada por Never Let Me Down y la búsqueda de sí mismo en Tin Machine, el matrimonio resultó una verdadera inspiración para David Bowie. Volvió a conectar con sus sentimientos, en ese momento realmente revueltos, en este disco. Prueba de ese conflicto interno se encuentra en la reedición del tema You've Been Around, que sigue a la apertura instrumental de The Wedding.
El tema del matrimonio con su querida Iman da la textura general al álbum con un toque de elegancia muy distinguido y temas como Miracle Goodnight, la versión de Nite Flights o The Wedding Song.
Sin embargo, habían mas emociones y opiniones que Bowie quería dejar patente en este trabajo. El suicidio de su hermano años atrás le ayudó a dar forma a Jump They Say, el tema que, irónicamente, cuenta con el ritmo más bailable del trabajo. Éste sería el single más exitoso de un álbum por otro lado ampliamente ignorado por factores como el menospreciado nombre de David Bowie en aquellos momentos, o la quiebra de la compañía discográfica que distribuía Black Tie White Noise (Savage).
El tema que da nombre al disco, Black Tie White Noise, surge de las revueltas de Los Ángeles del 92. El asunto Rodney King llevó a Bowie a llamarnos la atención con este tema, en el que el Delgado Duque Blanco invita a negros y blancos a conectar y ser hermanos sin renunciar a nuestras diferencias, que son las que realmente nos hacen únicos, en lugar de tratar de hacernos a todos iguales.
Cada álbum de Bowie es un mundo y es muy complicado compararlos entre ellos, pero en general, no puedo admitir ningún trabajo posterior a la altura de éste hasta Heathen (2002).
Temas más remarcables de éste álbum: Jump They Say, You've Been Around.

Especial mención al trabajo de saxofón y trompeta en todo el álbum.

David Bowie / Heathen



2002, ISO/Columbia

9.0


David Bowie siempre ha sido un artista adelantado a su tiempo. Sin embargo, este verdadero genio llegó con Heathen a ir más allá e incluso reflejar, antes de que ocurriera, el descenso de la sociedad moderna a los momentos más duros, negros y ardientes que se recuerdan en décadas. De este modo, el inglés, afincado durante la producción de éste álbum en la gran manzana, compuso la mayoría del trabajo antes del 11 de Septiembre de 2001. Cómo cambió el mundo esa fecha es algo que todos recordamos, y cómo dolió aquella herida en el mundo occidental pudo vislumbrarlo el cantante en su bola de cristal para dar forma a éste trocito de noche densa y negra, sin estrellas, llamado Heathen.
Un disco clave para entender la masiva y, prácticamente total, perdida de valores del siglo XXI. Dave nos llama, entre acordes y letras proféticas, a buscar la luz.
5:15 Angels Have Gone https://youtu.be/hLlBPKjB1KY

jueves, 3 de septiembre de 2015

David Bowie / Low

1977, RCA

9.0


El Delgado Duque Blanco cuenta con una de las discografías más ricas y variadas en cuanto a estilo musical: glam rock en sus comienzos, pop rock en los 80, art rock en los 70, drum and bass en los 90... En todas las décadas sorprende con un sonido nuevo en sus obras, y siempre adelantado a su tiempo.
Sin embargo hubo una fase donde su vanguardismo destaco por encima del resto, y esa fue la legendaria Trilogía de Berlín, los tres álbumes que el artista británico concibió mientras residía en la capital alemana y su adicción por la cocaína se encontraba en su punto más álgido. El trío de trabajos comenzó con Low en 1977, cumbre del mencionado adelanto a los tiempos que lo proclamó como uno de los artistas más influyentes de la historia. En un álbum lírica y musicalmente minimalista como pocos David Bowie juega con las texturas y los primitivos sintetizadores para crear un manifiesto juvenil y rebelde.
la instrumental Speed of Life da comienzo a Low como telonera sonriente, la sigue Breaking Glass, un descarado tema de seducción. What In The World es otro jugueton track dedicado a sacar sonrisas de infantiles berrinches, muy en la tónica de inocencia de los protagonistas de las letras en la primera mitad del LP.
A continuación llega uno de los grandes exitos de la carrera del cantante, Sound and Vision. Acordes celestiales para letras que, sin tener realmente un mayor sentido, son puro arte contemporáneo, despreocupado pero hermosamente dinámico.
Always Crashing In The Same Car se define bastante bien por su título. Es una reflexión sobre la incorregible costumbre humana de tropezar una, dos, tres, quince y sesenta veces con la misma piedra. Con una melodía más íntima que el resto del disco se une a su predecesora en el tracklist como momentos clave de Low.
Be My Wife es otro pasaje adolescente donde nos enamoramos perdidamente de alguien y, llevados por el embelesamiento propio de la edad nos vemos casados y junto a esa persona para el resto de nuestra vida, aunque al final solo se trate de un amor de verano como tantos otros.
El disco concluye con dos temas instrumentales, A New Carrer In a New Town y Warszawa, escenarios del juego de David con los sonidos en su afán por crear paisajes a través de las notas musicales.
Sound And Vision https://youtu.be/WoDamvrfUbQ
Always Crashing In The Same Car https://youtu.be/-m30aaI5Yf8