miércoles, 7 de octubre de 2015

Especial: David Bowie en los 80

SCARY MONSTERS AND SUPER CREEPS (1980, RCA)
9.2
LET'S DANCE (1983, EMI)
9.5
TONIGHT (1984, EMI)
7.7
NEVER LET ME DOWN (1987, EMI)
3.9

David Bowie lo apodaron el Delgado Duque Blanco tras su etapa barroco-elitista de mediados de los años 70, especialmente durante el apogeo de su aclamado álbum Station To Station. Sin embargo con la llegada de los tumultuosos años 80 un título más apropiado hubiese sido el Camaleónico Duque Blanco: la capacidad de adaptación y cambio del artista británico quedó demostrada con el giro que supo dar hacia la corriente comercial de la nueva década sin perder su esencia.
No se trata de la cumbre creativa de Bowie si la comparamos con cualquier otra década, de hecho los 80 son el punto mínimo de una carrera brillante, pero sin embargo la destreza del inglés ofreció frutos que a día de hoy perduran como clásicos del rock.
Scary Monsters (And Super Creeps) es el primer álbum de esta serie ochentera, y el más artístico de esta etapa desde un punto de vista compositivo. Desde la tensa y rabiosa It's No Game, con su transfondo de protesta, hasta la agridulce Because You're Young, una postmoderna reflexión sobre el amor juvenil en la sociedad contemporánea, pasando por la cínica y bailable Fashion, una descarada crítica al mundo de la fama, la moda y el glamour. Scary Monsters es un disco sobre el estado de las cosas en pleno 1980, es un análisis social, político y cultura en toda regla, y con tintes pesimistas: valgan como ejemplo la líricamente apocalíptica Kingdom Come o el tema Up The Hill Backwards, sobre la perdida de emociones y sentimientos. Todos y cada uno de ellos cortes que, pese a su excelencia, se ven irremediablemente eclipsados por una joya de fuera de este mundo, un tema de 4 minutos y 22 segundos que a día de hoy no se ha superado: una meditación autobiográfica sobre el aburrimiento, la falta de amor, la constante desesperación por no alcanzar las propias metas y la saturante necesidad de, pese a no ser feliz, mantener la máscara de corrección frente a la sociedad. No es la autobiografía de una persona, es la de toda una generación.

Tras semejante sobredosis de hiperrealidad tocaba aliviar presión, y ¿qué lugar mejor que la pista de baile? Let's Dance fue un desmarque tan brutal de Bowie con respecto a sus anteriores trabajos que no tenía más opción que convertirse en un referente para todos los artistas que, posteriormente, quisieron romper con su trayectoria para buscar senderos nuevos. Y, claro, gracias a la radio y las discotecas, temas como Let's Dance o Modern Love siguen siendo reconocibles hoy por casi todo el mundo, pero gracias a los ritmos tan animados de este disco pocos se han parado a pensar en el mensaje de las canciones. Porque un cantante como Bowie no se vende (por ahora) al puro pop, sino que aprovecha su tiron comercial para seguir ocupando las mentes con sus ideas. Modern Love sin ir mas lejos es una invitación a no perder el tiempo y hacer cosas nuevas en un mundo gris e inmovilista, mientras que China Girl alaba la multiculturalidad y la importancia del amor frente a las ideologías políticas extremistas. Ricochet está dedicada a todas las víctimas del desempleo, y la pseudoerótica Cat People (Putting Out The Fire) es la elegante puerta abierta a la entrega total a la pasión sexual. Sensualmente nocturno, mister Bowie.
El éxito comercial de Let's Dance hizo mella en la personalidad artística de Bowie y, a duras penas, tuvo que enfrentarse a los demonios del éxito en una batalla contra la avaricia que pareció acabar en tablas con la edición de Tonight. A primera vista puede parecer una continuación, algo más densa, de Let's Dance, aunque David siempre haya afirmado que su intención fue totalmente la contraria. Conforme nos adentramos en los 35 minutos de Tonight es evidente que la inquietud por temas elevados es mayor que en el álbum predecesor, pero la irregularidad creativa es alarmantemente alta. Una apertura tan majestuosa como la oscura Loving The Alien, sobre la intolerancia de las religiones, el racismo o la perdida de valores, hace contraste con otros cortes menos elaborados como Tumble and Twirl o I Keep Forgettin'.
La diferencia extrema entre calidades va más lejos en el siguiente trabajo del artista: Never Let Me Down (1987). Jamás oí un disco donde el sentimiento causado por las canciones que lo integran podía ser dan dispar. Es aceptable hablar de mínimo histórico en la trayectoria de David Bowie con Never Let Me Down: el concepto teatral de Glass Spider es tan presuntuoso como la prepotente magnificencia que temas como New York's In Love o '87 and Cry creen tener. Y luego te encuentras con excelentes rocks como Day-In Day-Out, que abre el disco y habla sobre la creciente desigualdad en la sociedad americana, o la gentil y romántica Never Let Me Down (se llama igual que el CD), que encontrándose en medio de tantos cortes despreciablemente olvidables, es la balada más sofisticada de Bowie y de todos los 80.
Una década decreciente para Bowie, empezada con uniformidad y aclamabilidad y terminada con ideas poco claras y malas producciones, que sin duda sirvió como punto de inflexión estilístico para uno de los artistas musicales más importantes de todos los tiempos.

· De Scary Monsters
Ashes to Ashes https://youtu.be/HyMm4rJemtI
It's No Game https://youtu.be/9KdYAVjRiJ4
· De Let's Dance
Modern Love https://youtu.be/eNQa7T4kS6w
Let's Dance https://youtu.be/N4d7Wp9kKjA
· De Tonight
Loving The Alien https://youtu.be/OOaqDEjxQAU
Blue Jean https://youtu.be/LTYvjrM6djo
· De Never Let Me Down
Day In Day Out https://youtu.be/zl9BLmwFi0U
Never Let Me Down https://youtu.be/c4ZZMbpUFMY

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