viernes, 9 de octubre de 2015

Vampire Weekend / Modern Vampires Of The City

2013, XL

9.2


Solo a veces me siento cómodo estando de acuerdo con la crítica profesional. Cuando un disco es realmente bueno, lo es para todo el mundo, y por eso el último título de los neoyorquinos Vampire Weekend está ya considerado uno de los mejores trabajos de rock de la década actual. Entre los más de 300 discos que he escuchado a lo largo de mi vida, pocos como este Modern Vampires Of The City presentan un contraste tan brutal entre el estilo de la composición melódica (ligero y casi minimalista) y la estructura lírica (aquí, densa y compleja). De ahí que esta reflexión me resulte una de las más difíciles de escribir de las más de 70 que llevo redactadas hasta ahora, y es que este ya legendario LP de 43 minutos suelta una cantidad de verdades tan dolorosamente ciertas que, sin una sintonía que ayude a digerir tanta hiperrealidad, seguramente nos saturaríamos al sumergirnos entre sus temas. La humildad con la que se trata la llegada de la madurez y las obligaciones que a ésta se asocian, la melancolía tras recordar la juventud que dejamos irremediablemente atrás, los altibajos de la búsqueda y hallazgo del alma gemela o el descontento con la política y la sociedad dan renombre a éste álbum. La apertura del mismo, Obvious Bicycle, es tranquila e intensa al mismo tiempo, es una palmada en la espalda, un empujón a salir ahí fuera en busca del éxito, cosa que no es fácil en el mundo de ética corrupta que nos pintan la irónicamente animada Unbelievers, la íntima Hannah Hunt (que se centra en las mentiras que a diario tratan de hacernos pasar por verdades) o la tétrica y políticamente reivindicativa Hudson.
Llegamos a la edad adulta con ganas de comernos el mundo y, como para la voz de Ezra Koenig (líder de la banda) la experiencia es un grado, queremos aprender de todos los errores cuanto antes en la vertiginosa Finger Back. Parece que nuestro cantante no quiere perder ni un solo minuto sin aprender a ser mayor, y por eso no es menos infartada Worship You, una doble lectura sobre las batallas: las de verdad en las guerras por el petróleo a modo de protesta contra el invasivo establishment norteamericano, y la de la vida misma.

El amor también está ahí, como apoyo (y ocasional quebradero de cabeza) en nuestro camino, de la mano de la pasional Don't Lie o la uptempo Diane Young (una inyección de rebeldía de la que no debemos abusar para no cruzar la línea de la temeridad). Everlasting Arms es una preciosa balada rápida sobre lo bello que puede ser discutir con tu pareja si, después de eso, llega una reconciliación que imperativamente debe acabar entre sábanas.
Sin embargo, el Amor con mayúsculas llega en el buque insignia de Modern Vampires Of The City: Step, con sus 4 minutos y 12 segundos es una enigmática y galante canción sobre la entrega espiritual total, verdadera y sin condiciones a otra persona. Se sabe a quién nos entregamos cuando nos vemos compartiendo con ella el resto de nuestros días, formando una familia, decorando el hogar e ignorando a quienes critican nuestro modo de vida (porque seguramente lo envidian), viviendo cada segundo como si fuese el último, aprendiendo de los días y finalmente sintiéndose invencible cuando de dos personas surge una sola entidad. "I feel it in my bones, I feel it in my bones, I'm stronger now, I'm ready for the house, such a modest mouse, I CAN'T DO IT ALONE, I CAN'T DO IT ALONE", y yo podría escuchar este tema en bucle indefinidamente.


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