viernes, 9 de octubre de 2015

Blur / The Magic Whip

2015, Parlophone

3.9


Blur nunca ha sido un grupo fácil. Hasta ahora se refugiaban en su intelectualismo para justificar la alternatividad de su trabajo, pero eso es algo que ni puedo ni quiero comprar en su último trabajo de estudio. The Magic Whip es el primer título de la banda inglesa en doce años, durante los cuales parecen haber entrado en modo de letargo, lo que explica su visión del mundo actual, recogida irregularmente en las letras y paisajes sonoros de este LP de 51 minutos.
En primer lugar quiero hacer mención a la extraña disonancia temporal de toda la estructura de The Magic Whip: digamos que el sonido de este CD es, salvo notables excepciones, demasiado "2003", como si al despertar de su proceso de hibernación hubiesen continuado con la tendencia compositiva con la que abandonaron la escena tras su anterior trabajo. Es comprensible si tenemos en cuenta que la idea conceptual de todo el disco es, precisamente esa: contrastar la década actual con la ya lejana década anterior. Un análisis de "el futuro del futuro", si quiere verse así.
Bajo esa perspectiva de viajeros en el tiempo hacen hincapié en la mayor artificialidad y excesiva sexualización de la sociedad en temas como el destacable Lonesome Street (apertura del disco) o la descaradamente pornográfica New World Towers. Irónicamente, en un mundo tan hiperconectado y erotizado, los niveles de soledad personal son los más altos de la historia (ahí está Go Out con su innuendo masturbatorio).
Fruto de la post-modernidad de 2015 es también la adoración de ídolos nuevos y fugaces, cuya obra es a veces tan absurda e invalida como su propia imagen: Ice Cream Man es una inteligente referencia a la importancia que damos a modas estúpidas o al renacimiento de antiguas tendencias que pegan fuerte en esa cada vez mayor influencia de lo "retro" o "vintage". No se podían olvidar tampoco los chicos de Londres de la masiva y oscura tarea de "estupidización" que cumplen los medios de desinformación, que como en I Broadcast, tratan de sacar jugo de donde no existe noticia.

Tras un vistazo a lo que, tras su largo descanso, se encontraron estos artistas al "salir de la cueva", es comprensible el cacao mental al que uno se enfrenta para intentar asimilar los niveles de psicopática ridiculez a los que llegan los tiempos modernos. De la percepción y reacción de la banda ante tales cambios nacen la sobresaliente Thought I Was A Spaceman y, llevada a un peldaño superior de apocalíptico pesimismo, la oscura y tristemente cierta There Are Too Many Of Us.
Desconozco, personalmente, en que clase de agujero artístico habrán estado encerrados los músicos liderados por Damon Albarn, pero creo que sinceramente no es para tanto: si que es cierto que el mundo, hoy por hoy, da mucha pena y todo eso pero, ¿es realmente necesario ser tan melancólico como en My Terracotta Heart o tan bohemio/posturas como en Ghost Ship?, y lo que es peor aún, ¿no es pecar de cinismo acabar el álbum con una visión tan positiva y esperanzadora como la de Ong Ong tras tanto varapalo y decepción?. Solo el artista lo sabe, lo que quien escribe sí que sabe es que líricamente nos encontramos ante un trabajo inconsistente y carente de originalidad que alcanza la escuchabilidad que tiene gracias a la puntera disposición de cortes como New World Towers, Thought I Was A Spaceman o There Are Too Many Of Us en el tracklist.

Thought I Was A Spaceman https://youtu.be/1_7Wcsmlq_Q
There Are Too Many Of Us https://youtu.be/UQQObIQ63T0

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