(1976, RCA Records)
(gen: rock/funk/soul)
(gen: rock/funk/soul)
9.8
En lo más profundo de su adicción a la cocaína, cuando el mundo ya estaba a sus pies y los efectos del estrellato empezaban a hacer una sangrienta mella en su mente, David Bowie se volvía un hombre extraño, que mientras habla contigo de pronto pierde su mirada en el horizonte y suelta perlas de pensamiento que los que le rodean no entienden, como si el músico y el resto de la humanidad pertenecieran a planos diferentes. Era imposible distinguir qué era cierto y qué era falso en ese momento, un momento de cambio no solo a nivel personal para Bowie sino para el rock y la sociedad en general: el ocaso de los 70, la llegada de los 80, la crisis del petróleo, el boom cultural, la resaca de la llegada a la luna, el telón de acero... Eran demasiadas cosas como para no entregarse a los placeres del vicio en un momento en que las apariencias quizás no parecían lo más importante en medio de lo que no se sabía si era el mundo real o un sueño. Una era de cambios tan rápidos que podría ser el equivalente, con la perspectiva de hoy día, a la entrada al siglo XXI. Station To Station es el resultado de esos tiempos, un LP bohemio en concepción y canalla en resultado. El corte "Station To Station", de diez minutazos, no es solo el más largo en la carrera de Bowie, sino los cimientos de su imagen de Duque Blanco y, quizás, la sátira de lo absurdo que resulta todo en un clima de conflictividad como el de aquellos años para un artista que, gracias a su subida a lo más alto, tenía una visión mucho más rica y merecidamente condescendiente. Golden Years es un guiño a los años del swing y precisamente una mirada a los buenos tiempos (qué casualidad que sea la época que sea, siempre es el pasado lo mejor y el presente lo más despreciable... y esto me suena tanto hoy en 2016). La voz de David en este Golden Years es la más elegante y engolada de su carrera, caballeresca y seductora gracias a ese toque de profundidad de quien mira al pasado con los ojos vidriosos. Stay es el otro punto rock de este críptico disco, un choca-esos-cinco a las drogas que le hacían expandir su mente o quizás solamente evitar que se suicidase por asco al mundo. No mejor pero casi es la versión del tema Wild Is The Wind, un epílogo perfecto a este disco donde el caballo blanco de la cocaína y su adicción en medio de la confusión del maldito presente no simboliza más que lo distante que parece el amor verdadero en tiempos donde todo el mundo anda en las nubes. Es tan 2016 para ser 1976...

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