9.6
Si por algo se caracterizó el cambio de siglo en el panorama musical internacional fue por el giro hacia lo abstracto y oscuro de los nuevos tiempos. Tanto las nuevas bandas como los trabajos de grupos veteranos se tornaron tormentosos, nocturnos y transcendentales en cuanto a la temática y melodía, fruto de la creciente preocupación por el futuro que se nos echaba encima. Cambiar de siglo y de milenio fue algo solemne, fue historia en directo, fue incertidumbre y un poco de miedo. La tecnología había convertido al mundo en un lugar más rápido, con la consiguiente saturación que ello conlleva.
En medio del tic-tac hacia el año 2000, cuatro londinenses que bajo el nombre de Coldplay habían lanzado dos EPs de perfil bajo, se reunieron para grabar una de las obras imprescindibles del siglo en el momento en que éste ni siquiera había empezado a dar sus primeros pasos. Parachutes nace a la sombra de grandes como Radiohead o Modest Mouse y enfoca la soledad de la era digital desde una perspectiva romántica y contracorriente. Cuanto más insista la sociedad en apartarnos de todo contacto humano, más hemos de dejarnos la piel en la batalla por encontrar un alma gemela.
Con el piano como hilo central, este LP es triste y optimista al mismo tiempo. Es psicótico-paranoide en Spies y románticamente confuso en Trouble, hiperrealista en High Speed y pasivo-agresivo en Don't Panic, pero es también esperanzador en Everything's Not Lost y caballerosamente entregado en Sparks. Parachutes sabe que aunque cueste encontrar el amor (Parachutes, Shiver), éste llega y una vez en nuestros brazos hay que cuidarlo, mimarlo y valorarlo como refugio ante el sucio y violento mundo (Yellow, la balada más importante del siglo XXI).
Hablo de Parachutes como si fuese una persona porque, para todos los que pertenecemos a la generación del nuevo milenio, éste es un álbum que escuchado, analizado y sentido es como un hermano mayor.

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