sábado, 26 de septiembre de 2015

Taylor Swift / Red

2012, Big Machine

5.7


El destino es tan caprichoso como un niño pequeño. Conoce muy bien cuales son nuestros deseos más profundos y, dependiendo del humor con que se haya despertado, la vida decide sobre nuestras plegarias de forma que pueden pasar de ser respondidas con la mayor de las recompensas a convertirse en el escenario más alejado de cuantos habíamos soñado que se harían realidad. En el amor como casi en el resto de las cosas, y pecando de pesimista y pragmático, suele ser mejor esforzarse al máximo y esperar resultados medios que ilusionarse con la victoria más aplastante, porque cuanto más alto saltes mayor será la caída si no consigues desplegar las alas. Por eso Taylor Swift nos llama en Red a no relajarnos cuando demos por asentada una relación: hay que luchar día a día, porque lo que ha sido un brillante pasado de romance no debe significar un asegurado futuro de entrega y felicidad.
Siguiendo las pautas del estilo country que ha convertido en su sello personal, la joven de Pennsylvania despacha 1 hora y 6 minutos de pura volatilidad artística. Como concepto, el álbum es muy pasable: una relación tan plena y maravillosa con una historia de amor digna del mejor de los cuentos de Disney (lo digo porque dicho nivel de esplendidez quizás solo exista en la ficción...) que abruptamente finaliza en una dolorosa ruptura, con la consiguiente penitencia de la soledad y el constante acoso de los recuerdos. Sin embargo hay poco lugar para la experimentación en este trabajo, lástima teniendo en cuenta que en los momentos en que ésta ha estado presente ha quedado patente la inmensa valía de esta chica (Sad Beautiful Tragic, Starlight). Especial mención quiero hacer al corte The Lucky One, donde no es Taylor Swift quien canta, sino una Taylor Alison Swift que, presa por la celebridad, alza una amarga declaración de cansancio y desencanto con la fama. Precisamente a este fondo nada relacionado con el romanticismo hacía yo referencia también con la entrada de este escrito: desear algo con mucha fuerza nos hace correr el riesgo de que se cumpla, y soñar con ser famoso y exitoso puede dejar de ser sueño y convertirse en realidad sin estar nosotros preparados para enfrentarlo.
Hay también en Red múltiples guiños a la dificultad extra del juego de la vida en la etapa juvenil pre-adulta. Considero el tema "22", pese a su aparentemente inmadura estructura melódica (¿o siendo consecuente con el mensaje de la canción sea esa fingida inmadurez la que sume puntos?), un interesante esfuerzo lírico de la artista, una buena expresión del cóctel emocional agitado por esa fase de la vida. "Yeah, We're happy, free, confused, and lonely at the same time, It's miserable and magical".
State Of Grace, el track que abre el disco, es otro momento clave de la destreza poética de Swift. Una muy buena imaginería sobre la falsa seguridad que creemos poseer de cara a la amenaza que supone enamorarse (porque reconozcamos que es una amenaza enamorarse de alguien: bajamos las defensas, nos volvemos manipulables, y como la otra persona no nos corresponda, el peligro que corremos es muy serio).
Poca diferencia hay, desgraciadamente, en el contenido y forma del resto de Red. El tema homónimo al disco es una temeraria evocación de una relación pasada, mientras que Treacherous es una contenida provocación fruto del amor a primera vista donde trataremos frenar la pasión sin aparente éxito. All Too Well suena extrañamente británica y de nuevo medita sobre "cómo es posible que estemos así, con lo que tú y yo hemos sido". La única historia cuyo "fueron felices y comieron perdices" parece seguir activo es la indiferente Holy Ground, solo superada en carencia de originalidad por el dueto con Ed Sheeran Everything Has Changed, donde la llegada de un nuevo rostro bonito (deberá ser el de Taylor) nos aislará de cualquier otra aspiración que no sea entablar conversación con dicha persona para conocerse más a fondo. Otra colaboración en Red es la de Gary Lightbody, miembro de la interesante banda de rock irlandesa Snow Patrol . En tal corte el ultimátum es claro y la espera a la respuesta, tensa: ¿me vas a dar esa oportunidad?
Profundizando en los peores tragos de Red nos encontramos, ¡qué diminuta y nada sorprendente casualidad!, a las canciones utilizadas como singles principales y artilleria de marketing. El decepcionante cambio de tercio de I Knew You Were Trouble destruye un tema que llevado por otros senderos hubiese sido una verdadera joya. Por su parte la comercialidad purpurinosa e irritante de la enormemente explotada We Are Never Ever Getting Back Together la cataloga como contenido a olvidar una vez hecho este examen. Nada más que decir de Stay Stay Stay, melódicamente pizpireto hasta el ridículo y con letras escritas por una niña de 7 años en el hueco del recreo.
Valga como contraste con lo anterior lo inteligente de Begin Again, el cierre del álbum. Una íntima justificación moral del adulterio con tintes instrumentales ligeramente étnicos. La protagonista de la historia tras Begin Again reflexiona sobre lo correcto de verse a escondidas con otra persona cuando quien ocupa el papel de nuestra relación formal torna en alguien para quien nuestras preferencias, gustos o inquietudes resultan indiferentes e, incluso, tratan de ejercer su falsa autoridad sobre la personalidad propia. Un interesante postre para dejar buen sabor de boca tras la dispar experiencia de este trabajo.

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