viernes, 11 de septiembre de 2015

Radiohead / The Bends

1995, Parlophone/Capitol

8.0

La primera vez que escuche un disco de Radiohead lo hice atraído por su portada. Confundí al grupo con alguno de los que mis padres oían en su juventud allá por los 80. El muñeco de la carátula de The Bends me resultaba oscuramente atractivo: esa mueca a medio camino entre el placer y el abandono del alma al cuerpo, todo camuflado tras el color alterado, lo que le daba un aspecto digital y casi enfermizo. Más tarde me daría cuenta de que ni por asomo aquello se acercaba a lo que mis padres oían en las dicotecas de su tiempo. Esto era demasiado "real", demasiado "1995", demasiado "ruidoso" y "raro" para ellos.
Recuerdo perfectamente viajar solo en el tren de vuelta a casa desde la universidad, casi de noche, lloviendo, y trascender espiritualmente con los acordes de Planet Telex. No sabía donde me estaba metiendo pero me gustaba demasiado como para preocuparme por ello. Las letras eran tan crípticas y el trabajo instrumental tan denso y nocturno como el paisaje tras la ventana.
Eventualmente Planet Telex se convertiría en uno de los mejores comienzos de álbum que, hasta hoy día, he escuchado (de hecho los de Oxfordshire cuentan con otros arranques de disco históricos como Airbag, 15 Step o, como no, la perfecta, sublime, destrozadora y alienígena Everything In Its Right Place).
The Bends es un trabajo rock en lo que popularmente cabría esperar de tal etiqueta, y en comparación con el resto de la discografía de Radiohead, junto con su embarazoso debut Pablo Honey, los únicos títulos próximos a lo que en el entorno de hoy día se consideraría música radiable. Es por eso quizás que este The Bends está aceptado por gran parte del público como el mejor trabajo de la banda, pero yo me siento personalmente en la obligación de otorgar un mayor valor artístico a la experimentación de los posteriores OK Computer y, sobre todo, Kid A. Todo ello sea dicho sin menospreciar, en ningún caso, al resultado global del disco entorno al que giran estos párrafos.
Volviendo al tracklist, continúa tras Planet Telex el corte titulado de igual forma que el LP que, muy en la onda del guitarreo noventero, trata sobre la alienación social y la dependencia de la pareja cuando, por las propias dinámicas del romance, nos alejamos del resto de amistades.
Uno de los tracks más conocidos de Radiohead y, sinceramente, el único que aquí en España he oido por la radio alguna vez es High And Dry. Con tono mas reflexivo, encaramos un tema dedicado a las personas excesivamente preocupadas por su imagen y el modo en que ésta es proyectada hacia los demás, lo que los vuelve débiles ante la más mínima crítica. Un reflejo de la sociedad cada vez más preocupada por los méritos, la buena fama y el reconocimiento de las personas que por las propias personas.
Fake Plastic Trees es un corte de índole más personal, donde Thom Yorke nos abre las puertas de su dolor al ver como su amada lo abandona en beneficio de alguien mejor que él tan solo en su fachada. Una conexión conceptual con la importancia de las apariencias discutida en High And Dry, y es que de la experiencia personal de Yorke éste extrae la amplia reflexión sobre la superficialidad entorno a la cual se estructura todo el álbum.
Subiendo de nuevo el tempo llega la guitarra eléctrica liderando Bones, donde el cantante recuerda nostálgico la realidad de las emociones tal como las sentía cuando era niño, y como esa innata capacidad se ha perdido a medida que la frialdad de los años le han azotado una y otra vez mediante decepciones y desencantos.
Llegados a Nice Dream me resulta árduo saber si ésta es la mejor pista de The Bends o si, por el contrario lo es Planet Telex. La apertura del disco desconcierta con sus codificadas letras y enigmáticos acordes, pero el trabajo melódico de Nice Dream lo sitúa muy alto gracias a su emotiva progresión. Añadiendo el mensaje de evasión de las letras, donde Yorke recurre a los sueños y la imaginación como escape de la deprimente vida real, acabo saliendo de dudas y situo a este precioso, hipnótico y relajante track en la cima de The Bends.
Avanzando en el camino del LP recorro la metafórica Just y llego a My Iron Lung, un instrospectivo ensayo sobre la decadencia y pérdida de valores de la juventud, factores que ya comenzaban a despuntar en aquel 1995 de hace 20 años.
"Wish that I was bullet proof" canta Thom en el tema casi igualmente titulado (Bulletproof... I Wish I Was), algo que todos hemos deseado cuando las balas de verdad se convierten en lo menos hiriente de cuantas cosas nos hacen daño. Desamor y depersonalización en Black Star y desencanto con la madurez ligeramente aderezado con crítica política en Sulk, todo antes de llegar a la conclusión de The Bends de la mano de Street Spirit (Fade Out).
49 minutos de intensa preocupación por el cierre de una etapa de la vida tan convulsa como es la juventud, la cual da paso a otra tan bella como absurda que es la adultez. Sonidos moderadamente comerciales comparados con los posteriores proyectos del grupo pero, de todos modos, calificables como una joya reivindicativa y compleja en fondo y forma.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario