9.8
La infancia es esa etapa de la vida en la que no buscamos sentido a nada, y gracias a ello se convierte en los mejores años y en la fase que recordamos con más cariño. Vivimos cada segundo sin mirar con rencor hacia atrás ni con preocupación hacia adelante. La mayoría de las veces no piensas las consecuencias, y te da igual porque es tu instinto. Las sonrisas son sinceras, los enfados pasajeros y cada día que descubres la más intrascendente de las cosas te sientes como Cristóbal Colón cuando pisó el nuevo mundo.
De las líneas que acabas de leer extrajo Animal Collective la mentalidad que derivó en esta preciosa colección de canciones que en el mayor de los desordenes conecta con el niño reprimido por los años. Emociones a flor de piel en Winters Love, el ansia por comerse el mundo en Who Could Win A Rabbit con sus atropellados acordes, la pureza vocal de The Softest Voice, el minimalismo de College o la experimentación tan característica del grupo en Visiting Friends con sus "cortos" 12 minutos y medio. El pavoneo de la edad en el canto de machos que es We Tigers, la melosa Mouth Wooed Her o Leaf House, la críptica apertura del LP.
Desde un campamento de boys scout entorno a una hoguera, al fuego diferente de la chimenea junto a la amada, Sung Tongs es un clásico del folk psicodélico. Una producción casera, rematada pero dejada casi en bruto, donde se puede sentir cada matiz de guitarra o de percusión en la piel. Si de verdad hay un carrusel emocional en forma de disco, los enamorados de la portada con fondo rojo actúan como su tarjeta de presentación en este ejemplo.
Creado y grabado enteramente por tan solo dos de los miembros del grupo, Avey Tare (David Portner) y Panda Bear (Noah Lennox), nos encontramos ante un disco poco accesible para el público pero tan bello, tan improvisado y tan uniforme en calidad como irregular en sensaciones.
Para muchos la obra de Animal Collective alcanzó su cenit en el más comercial y pop Merriweather Post Pavilion, pero en Sung Tongs nos encontramos sin duda ante el clímax de lo que artísticamente siempre ha querido transmitir esta banda. Uno se pregunta si el hecho de que solo dos de los miembros formaran parte de su elaboración ha influido en la calidad del trabajo. Y es que considerando la trayectoria del grupo, si todos los integrantes se hubiesen unido para construir este álbum sin desviarse de los planos que dieron lugar a lo que actualmente tenemos, un servidor podría haber muerto por saturación de belleza musical. O quizás el hecho de contar solo con dos mentes en los créditos le aporta la intimidad que se torna imprescindible para dar el matiz de singularidad con que cuenta Sung Tongs.
En cualquier caso el resultado final está ahí, y yo doy gracias por discos como este que evocan tantos recuerdos e incluso te pueden volver un huracán emocional mientras lo escuches y durante horas después de sumergirte en sus 53 minutos.

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