8.5
A cuantísimos artistas hemos visto madurar a lo largo de sus trayectorias. Comenzando con obras ligeras y relajadas tanto en forma como contenido, y ganando en complejidad e inquietudes al paso de la madurez. Justin Timberlake es un claro ejemplo. De los acordes imborrables pero aún pueriles de Justified a la picaresca de FutureSex/LoveSounds.
En este primer volumen de The 20/20 Experience el cantante norteamericano consolida su estilo de cara a la estabilidad personal y artística.
Y es que aunque aún hablemos de una estrella de tan solo 34 años, es más que evidente el creciente esfuerzo de Timberlake por sentar la cabeza. Encontramos más formalidad tanto en su imagen como en sus melodías y letras.
Sin abandonar su seña de identidad, este LP vuelve a traer largos tracks en el rango de los 8 minutos de duración (Pusher Love Girl, Mirrors, Strawberry Bubblegum), y si bien a primera vista podríamos caer en la tentación de catalogar a las canciones de este disco en la misma etiqueta de palabras susurradas al oído del ligue de una noche, son las estructuras relajadas y de menor densidad instrumental las que alejan a este trabajo de los anteriores.
Serio romance en la apertura del disco, Pusher Love Girl, donde a guiños a la droga como metáfora de su alocada e intensa juventud confiesa estar enganchado al amor de su chica.
Suenan campanas de boda entre las líneas de Suit & Tie. Referencias al compromiso y al sacrificio total por nuestra compañera y la eventual familia que formaremos con ella. Todo ello divagado en el baile posterior al enlace, si se extrapola la pista de discoteca sobre la que nos habla el cantante, sobre la que vestirá el traje más importante de su vida.
Llegamos a largas aproximaciones de soul íntimas y distantes en Don't Hold The Wall y Strawberry Bubblegum. Manuales de seducción de manos del maestro.
Con toques de electrónica rememoramos el primitivo estilo musical de Timberlake en Tunnel Vision, un dinámico conjunto de piropos en la tónica de buen gusto del álbum. Clara influencia Motown en los primeros acordes de Spaceship Coupe, donde plasmamos a nuestra chica como un ser de otro mundo que en su nave espacial abduce nuestra alma.
Aires latinos en uno de los puntos álgidos de 20/20. Let The Groove Get In es una interesante pista sobre vivir el momento y pasarlo bien. Una invitación a bailar para quien se queda sentado al margen de la bola de espejos de la discoteca (se vuelve a llevar lo retro).
El momento en que dos almas se convierten en una y afrontan fusionadas todas las dificultades que el tiempo pone en su camino está recogido con belleza en las letras y melodías de Mirrors, un midtempo para bailar pegados y mirando a los ojos. Finalmente cerramos con una experimental Blue Ocean Floor, corte reflexivo y nuevamente con tintes electrónicos, samples y voces distorsionadas de fondo sin salir de los patrones del cantante. Justin insufla ánimos a los corazones solitarios en este track. En una muestra brillante de contraste con el resto de la obra, este se convierte en el momento artístico más relevante si tenemos en cuenta lo que implica. No supone solo el ya mencionado cambio de tercio con respecto a la línea de estructura melódica seguida en el resto del disco, sino que rompe los límites del propio artista al combinar crípticas capas sonoras con metafóricas letras inteligentemente vinculadas al desamor, precisamente la idea contraria a la explorada por el resto del tracklist.
The 20/20 Experience es un tomo en dos partes, y no solo porque cuente con una continuación (20/20 Volume 2) sino porque aúna autobiografía con doctrina sobre el romanticismo.

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