lunes, 14 de septiembre de 2015

Interpol / Turn On The Bright Lights

2002, Matador

8.5

Se puede concluir que la cultura pop nos ha malcriado en cuanto creemos que la música, para ser buena, ha de serbailable. No es cuestión de menospreciar a los éxitos rompepistas pero desde un punto de vista artístico hay algo más importante que la impresión estética. Está el mensaje que toda obra, por supuesto también la musical, debe transmitir, y casi tan relevante como el propósito es la forma en que éste es comunicado.
Por eso los chicos de Interpol editaron este emblemático Turn On The Bright Lights tal y como lo hicieron, con la elegancia de su carácter urbanita y su convencimiento, tan propio de los neoyorquinos, de haberlo visto, sufrido, superado y aprendido todo. Es una vanidad y una soberbia que lejos de sobrar trae nuevas formas de enfrentarse a las noches más oscuras del alma.
Esta clásica pieza del New Punk abre con Untitled, una paranoica premonición de la destreza que caracterizaría a este álbum así como del reconocimiento que lo envolvería. Llevado a la línea narrativa del disco, es una declaración de intenciones, un aviso de lo mucho que puede llegar a sorprender el más inimaginable de los individuos.
En Obstacle 1 juega con los paralelismos para entonar la misma oda que sin tapujos dedicarán a la gran manzana, la capital del mundo que los acogió en su juventud, en el track NYC.
De la postura confundida de amor-odio que ciertas personas levantan en nosotros nos canta Paul Banks en PDA, de cuya confesión nace la rabia que transmite el sublime trabajo de guitarras.
Continuando con los amores venenosos Say Hello To The Angels sube en intensidad rítmica a la vez que vemos aumentado el ilógico magnetismo que nos atrae hacia lo que la razón nos dice que nos hará daño. Es algo que forma parte de la autodestructiva genética del ser humano.
En un arreglo estructuralmente minimalista nos vemos inmersos en Hands Away, que conforme añade su base de batería liquida su lírica: siete enrevesados renglones que esconden la incertidumbre que pesa sobre quien se ve obligado a desconfiar de cuantos le rodean.
Obstacle 2 completa a su primera parte enfocando, desde lo alto de la ciudad, al protagonista de su historia: un seductor nato, azotado por su propio pasado y a punto de hincar el diente a su próxima presa. Una combinación de conceptos bastante descriptiva de la personalidad general que define este álbum.
Tras la depravada pero en el fondo entrañable Stella Was A Diver And She Was Always Down encaramos los tres últimos cortes de estos 49 minutos de conciencias sucias y pocos escrúpulos. La pérdida progresiva de la salud mental llegaría eventualmente, y hace patente su presencia en la desquiciada Roland, aunque la esperanzadora The New refuerza la poca fe que tenemos en los próximos tiempos mejores.
Turn On The Bright Lights cierra con la contenidamente pasional Leif Erikson como colofón de este conceptual trabajo sobre la vida en pecado, la tormenta sentimental interna de una menta perversa y maltratada a golpe de desencanto amoroso, todo con el escenario de fondo de las bulliciosas calles de Nueva York.

Untitled https://youtu.be/P6wShHrXRDc
NYC https://youtu.be/L6LEF9p5E0U
PDA https://youtu.be/IA5xtHxfiTI
 

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