6.5
El pesimismo es una extraña receta a emplear a la hora de construir un álbum. Extraña porque pese a lo negativo de su naturaleza suele reportar sustanciosos resultados artísticos. Vivimos en tiempos difíciles (prácticamente como siempre ha sido) y, con la óptica adecuada puede elaborarse un disco interesante sobre la incertidumbre, la esperanza y el resurgimiento, tanto a nivel personal como global.
Ese fue el propósito de los ingleses Bastille en su debut de estudio, aunque por desgracia el término "interesante" pareció perderse por el camino, destacando Bad Blood en selectos cortes que forman parte de un monótono y poco atractivo conjunto de 44 minutos y medio.
A medio camino entre dance alternativo e intento de musical del West End, este LP aúna los elementos comunes de la juventud protestona del panorama musical mainstream de los 2010. "Protestona", aclaro, no debe entenderse como despectivo hacia aquellos con inquietud por alterar el sistema injusto prevalente, sino como término descriptivo de aquél sector de los mismos que más allá de sus consignas (aquí en forma de álbum) buscan el propio interés por lograr el reconocimiento artístico.
Esa pretensión abunda en Bad Blood, un disco pese a todo no del todo descartable, pero con sus objetivos comunicativos poco claros.
Al márgen de cortes a tener muy en cuenta como el metafórico Pompeii, el pasivamente reivindicativo Things We Lost In The Fire o el aplaudiblemente maduro y reflexivo a la vez que marchoso Weight Of Living, el resto del tracklist se funde en una homogénea masa de imágenes urbanas y estructuras melódicas similares. Overjoyed e Icarus son intentos de propaganda obrera disfrazados de narrativa épica de irregular atractivo, mientras que temas como Oblivion o Get Home son melancólicas aproximaciones románticas al sentimiento revolucionario que gobierna al disco, ambos pasajes con dispares momentos de brillantez compositiva, más aparentes en Get Home.
Un LP bien producido, de duración estándar (lo cuál es de agradecer...) y bastante mejorable, con un mensaje loable pero musicalmente expresado con la aspiración menos adecuada: crear himnos en lugar de canciones.

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