2012, Interscope/Polydor
8.8
Lana Del Rey es posiblemente la cantante más americana que existe en este momento. Es guapa y sofisticada, pero sabes que bajo su apariencia de estrella se esconde ese animal sexual y nocturno: pura chica americana, insisto. Su voz no pertenece a este tiempo en realidad, más bien se corresponde con los años de Kennedy y Marylin: la era dorada de los Estados Unidos de Broadway, Barbie, Vietnam y la Guerra Fria. En definitiva tiempos donde el mundo era tan convulso y destructivo que el subconsciente norteamericano no podía más que distraerse con divas, musicales y Hollywood.
Quizás haciendo un repaso al actual estado de las cosas sea evidente que necesitamos de nuevo esa distracción redentora, y el tiempo nos ha regalado de nuevo una de esas muñecas de carne y hueso con voz hipnotizante. Born To Die es el buque insignia de Lana del Rey: la neoyorquina no solo utilizó el canal de este disco para demostrar al público todo su potencial fónico, sino que dejo patente en él su destreza lírica, una muestra de realidad bajo su fachada de perfecta novia, acompañante de baile de fin de curso y chica Louis Vuitton. Imposible no derretirse con la atrevida y juguetona Off To The Races o no morirse directamente con la distante y pluscuamperfecta Video Games. Avisa y no es traidora del peligro que conlleva subirse al descapotable de este torbellino vital que es Lana en el tema Diet Mountain Dew, y guiña un ojo al gran sueño americano en National Anthem, uno de los cortes más brutalmente sinceros del pop contemporáneo.
National Anthem https://youtu.be/sxDdEPED0h8?t=1m42s

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